Se acabó el año. Fue políticamente muy turbulento y nada hace prever que mejorará en 2026.
La voluntad popular decidió en las urnas un cambio de gobierno. Otra coalición política asumió la conducción del país.
Cuando esto ocurre la expectativa para la sociedad siempre es la misma: alcanzar y mejorar su bienestar, algo que se promete en todas las campañas electorales, y está presente en los programas de gobierno presentados.
El principio más elemental y básico de toda gestión que se inicia es mantener lo que está funcionando bien; continuar con la prosecución de los proyectos considerados acertados; modificar todo lo que no está funcionando; y emprender lo que se considera falta hacerse.
Pero a veces, se olvidan estas obligaciones esenciales frente a la gente y se incurre en equivocaciones injustificables, que ponen en riesgo el bienestar general.
En este puntual análisis de fin de año, una vez más comentaremos lo que consideramos un error histórico del actual gobierno.
La única gran decisión que tomó el gobierno en su primer año de gestión, a nuestro juicio fue equivocada.
Frenó la ejecución del megaproyecto Neptuno, diseñado para dar solución a largo plazo, a la grave amenaza de que se repita la sequía extrema de 2023, que empujó a Montevideo y a varias zonas del área metropolitana, a casi quedarse sin abastecimiento de agua potable.
Con buen criterio técnico en Neptuno se puso el énfasis en recurrir a una fuente de agua bruta que garantizara el suministro, más allá de los vaivenes atmosféricos -que sabemos a ciencia cierta, se repetirán con mayor frecuencia e intensidad. El Río de la Plata es inagotable y de muy fácil acceso.
Pero para las nuevas autoridades primó el manipuleo político; el poner en marcha desde el 1º de marzo el inicio subliminal de la próxima campaña electoral; en lo posible instalando a cada paso la idea de que estuvo mal todo lo que hizo la coalición republicana bajo la presidencia de Lacalle Pou.
Hay que ser muy serios en el análisis de estos asuntos.
Las enseñanzas de 2023 fueron muy dolorosas. Dejaron al descubierto la extrema fragilidad -muchas veces denunciada en el pasado- del sistema de abastecimiento de agua potable, y la necesidad de buscar una solución de fondo, de una vez por todas.
Siempre hay que reducir al máximo los riesgos para la población. Y qué elemento puede ser más prioritario que garantizar el acceso al agua potable.
El actual gobierno eliminó el proyecto Neptuno de un plumazo intentando justificarse con argumentos poco serios, insostenibles, intentando desviar la atención del meollo del asunto.
Pero, además esta decisión conlleva un elevado grado de irresponsabilidad, porque reflotar el viejo proyecto Casupá demuestra, a las claras, estar dispuesto a correr riesgos de elevada significación.
Ejecutará las obras anunciadas -una vez más dentro de la agobiada cuenca del río Santa Lucía-, y lo hace “cruzando los dedos” para que no se repita lo ocurrido hace dos años en esa misma región del país. Porque de no ser así jamás se hubiese embarcado en esta quimera.
No llegamos a comprender cómo pueden anteponerse objetivos político-partidarios al hecho de eliminar toda posibilidad futura de que se llegue a interrumpir el suministro de agua potable al área metropolitana.