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Largaron

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Febrero marca la largada de la o las carreras electorales -internas, generales y eventual segunda vuelta-, tras un leve afloje en enero y casi cuatro años de precalentamiento continuo. En fin, será lo que diga y decida la gente y este es el año para hacerlo. Las internas son para elegir el candidato pero significan algo más; son una especie de auscultación que aporta otros datos; qué tipo de ruidos y cuán fuertes. No son las PASO argentinas -toda comparación es odiosa, ¡vade retro!- pero tampoco resultan indiferentes para candidatos, las dirigencias y para la gente; templan el animo, entusiasman, o no, e inciden, un poco por lo menos, en aquellos propensos al exitismo.

El objetivo es ser electo como candidato pero importa mucho por cuántos. Los que se presentan deben preocuparse por ganar, pero a la vez por lograr una buena masa de votantes que más allá de los candidatos apoyen al partido. Y para eso nada mejor que la competencia. En este aspecto el Frente va de bigote pa’rriba: un favorito y una enemiga que puede dar la sorpresa. Van a competir duro. La militancia, precalentada con “junta” de firmas -para lo que sea- no faltará, pero es muy posible que se sumen de afuera: quizás muchos blancos, que se sienten demasiado seguros, se “infiltren” para incidir en el entendido de que es mejor rival Carolina Cosse que Yamandú Orsi. A aquella le ganan sin castigar, con este perderían, según los sondeos.

No resulta tan claro el panorama, en cambio, respecto al partido Nacional. Todo converge hacia el exsecretario de la Presidencia, Álvaro Delgado. Ello no es del todo fácil de desentrañar, empero: en filas blancas todos están con el presidente Lacalle Pou y con su presidencia, pero se sabe que por debajo hay tires y aflojes y hasta enojos con la Torre Ejecutiva por “diferencias en el trato” y en los reconocimientos. Quizás no les hubiera ido tan mal a Javier García y los senadores e intendentes del Espacio País. Quizás Delgado no sería tan favorito. Esto es, como candidato de los blancos. Lo de octubre y noviembre ya es otra cosa. Además a los nacionalistas les hubiera venido bien esa competencia. La disputa Orsi-Cosse lleva más público, sin duda.

Puede que ese favoritismo de Delgado de rebote favorezca a los otros grupos, particularmente a Jorge Gandini. Laura Raffo para muchos es parte de una estrategia: en su momento para torpedear la candidatura a la intendencia de Montevideo del senador wilsonista y ahora para aglutinar al herrerismo y desde ahí ser un partido o movimiento más de los tantos que apoyan a Lacalle Pou. Gandini ha sido, como se reconoce, una de las mejores espadas de los blancos, es trabajador, muy buen parlamentario y tiene mucho para conquistar, para canalizar esa parte emocional de los nacionalistas. Le puede ir bien. Además es el que puede retener a esos indecisos que pueden esta vez optar por el FA. Y esto es más difícil para Delgado.

Lo que sí hace valer el exsecretario es la continuidad, el seguir cambiando, y habla de reelección. Pero no es Lacalle Pou y debe probar que él es quien puede poner “el pie delante de su última huella”. El presidente hizo mucho, pero algunos querían algo más y también erró, cosas menores en general, pero retumbantes. ¿Lo marcará Delgado?

Y no ignorar, por otra parte, que también van a jugar los otros miembros de la Coalición Republicana, sin los cuales Lacalle Pou muy poco hubiera podido hacer.

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