La realidad y la razón

Mi amigo Martín Aguirre escribió días pasados una inteligente columna sobre la realidad, la fantasía, los politólogos rojos de ayer, de hoy, los de siempre, lo que vende en el comité, y lo que debe -o debería hacer- el gobierno. Una síntesis dolorosa de lo ramplón que resulta el mundillo yorugua que muchas veces se precia de intelectual y de entender el mundo.

La misma resulta estimulante, y dispara muchas aristas de análisis, o por lo menos para tomar nota. Sirve para entender porque este país va con rumbo colisión nuevamente.

La primera es la existencia de una estirpe de politólogos rojos que anclados en la nostalgia de la fracasada construcción del hombre nuevo, y los versos de Galeano y Debray, no pueden evitar que sus pensamientos vivan en un bucle como el de la marmota, pero entre el presente y esa siniestra época en la que pretendieron cambiar el orden establecido a balazos. A pura voluntad. Sin derecho.

Les encanta gobernar con grandes recetas de cómo cada uno debería vivir su vida. Ni un muro caído les enseñó antropología básica. O por lo menos lo fundamental de la mínima humildad que se debe tener al gobernar: escuchar y entender.

La segunda es la desvergonzada intención de apropiarse del batllismo. Y la demonización del Herrerismo. Por mi que se lo queden entero al batllismo. No era buena la versión original, no quiero ni saber como sería la remake actual. Pero es muy curiosa la animadversión al riesgo y la libertad que tienen. Por eso no pueden comprender el pensamiento herrerista. No entienden la libertad.

Intervención del territorio, análisis participativo de la realidad de las comunidades con perspectiva de género y climática, solidaridad de clase, puros cuentos que solo justifican intervención, menos libertad para los individuos, más corporativismo, y eso si, el curro permanente de las oenegés.

La tercera es la falta de compromiso institucional que hay detrás de esa necesidad de satisfacer los deseos de la “fuerza política”. Fueron elegidos para gobernar, y supuestamente tenían un programa para esto. ¿Qué pinta el partido político aquí?

Gobernar implica llevar el timón al tiempo de la coyuntura y las circunstancias. Si el mundo cambia, corregís la derrota. No estás embretado por tu ideal de como debe funcionar el mundo y mucho menos por ideología.

¿O acaso alguien puede pensar que Uruguay puede incidir seriamente en el caldo geopolítico que hoy se cuece?

La cuarta, es ese temor a quedar encasillados en algo que contradiga el credo progre. Por ejemplo, la estupidez que hay detrás de considerar el infame acto de matar a un inocente como es el aborto, un derecho. Un derecho jamás puede implicar aniquilación. Vayan a buscarlo al derecho natural, o a Darwin. El resultado será el mismo. Entender la realidad, distinguirla de la fantasía, implica, necesariamente un esfuerzo de razonamiento. Pero también de método. Y para aplicar un método se requiere sustancia, fundamento, y honestidad intelectual. Partiendo de la soberbia de creer tener la verdad revelada de como una sociedad o las personas deben vivir no se llega a buen puerto.

Como decía el vasco, vencerán, pero no convencerán. Les alcanzarán los votos, pero les faltan las razones y el derecho para persuadir.

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