La Montevideo de Peter Pan

Un nuevo Montevideo necesita un intendente que administre bien los recursos, modernice los servicios y garantice soluciones concretas para mejorar la vida cotidiana de la gente”, sostenía la campaña electoral que llevó a Mario Bergara a la Intendencia capitalina.

En menos de treinta días se cumplirá un año de que Bergara llegó al Palacio Municipal, convirtiéndose en el noveno intendente del Frente Amplio en gobernar de forma ininterrumpida, desde 1990, la capital de país. No fue precisamente un cambio de timón, sino más de lo mismo. Las pruebas están a la vista. Montevideo siguió degradándose en ese proceso infame de abandono e indiferencia por parte de sus gobernantes que ya suma 36 años. Y los montevideanos empezaron a darse cuenta, como lo indican las últimas encuestas que evaluaron la gestión de la actual administración municipal y revelaron una desaprobación del 52 por ciento frente a una aprobación de entre el 28 y 29 por ciento.

Esta semana, Bergara ha recorrido radios y canales de televisión hablando de los planes y obras que ahora sí llevará adelante. No sabemos qué hizo antes, o mejor dicho sí sabemos, no hizo nada.

La Junta Departamental le aprobó, con cuatro votos adicionales de la oposición, un fideicomiso por US$ 260 millones. Plata que pagaremos todos los montevideanos durante años.

Si algo quedó demostrado con la aprobación de estos nuevos recursos, es la sarta de mentiras con las que el Frente Amplio, una vez más, renovó su permanencia en la Intendencia de Montevideo.

El día que Bergara asumió el cargo, y en alusión a las promesas de la campaña, sostuvo: “Propusimos un Montevideo más limpio, más ágil, más disfrutable, más seguro y estoy convencido de que desde todas las tiendas políticas vamos a poner el hombro”. Nada comentó entonces ,y los meses siguientes, sobre la herencia que recibió de su antecesora, Carolina Cosse. Seguramente porque entre fantasmas no se pisan las sábanas.

Ahora Bergara nos vuelve anunciar una Montevideo del nunca jamás (perdón James Barrie por la cita). En otras palabras, una ciudad limpia, iluminada, con saneamiento, con calles, avenidas y veredas transitables, con parques y plazas cuidadas.

No sabemos si esa ciudad incluye la implementación del estacionamiento tarifado en Pocitos, Punta Carretas y Carrasco, barrios cajetillas donde sus habitantes pagan los impuestos municipales más altos de todo el Departamento.

Desconocemos si los fondos frescos también se destinarán a combatir a los vándalos que han destrozado con grafitis las fachadas de edificios y comercios de la Ciudad Vieja, Centro, Cordón, Unión… ¿Qué pasará con los que mutilan o roban esculturas enteras? Al parecer los 8.500 funcionarios que tiene hoy la Intendencia no son suficientes para cumplir estas tareas. Tampoco es suficiente el millón de dólares diarios que de lunes a lunes ingresa a las arcas municipales.

El hartazgo por tres décadas y media de promesas incumplidas y de ajustes impositivos municipales, hacen que los anuncios de Bergara, los de la campaña electoral y los de estos días, sean parte de la isla de fantasía en la que vive Peter Pan.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

premium

Te puede interesar