La era Milei

Karina Milei, la hermana del presidente, no le gustó la primera versión de los anuncios del ministro de Economía, Luis Caputo, y este tuvo que regrabar.

Buenos Aires. En noviembre del ’72 vine a esta capital a cubrir el retorno de Perón. Volví al año siguiente, a la asunción de Héctor Cámpora y dos meses después a la segunda venida del General cuando el desastre de Ezeiza. Era el comienzo de una nueva era: la revancha del peronismo. El fin del exilio. Se dio, pero fue muy breve, degeneró y comenzó otra: la era militar. Hace 42 años, en abril del ’82, otra vez en esta capital por la invasión de Las Malvinas, que marcó el fin de la era militar; y el comienzo de la democrática.

He vuelto para el fin de la era de la corrupción, del kirchnerismo; y ¿el inicio de otra?; esto es lo que por ahora me pregunto. La de Argentina es una situación incierta, confusa y compleja. El año próximo será duro y con fuertes turbulencias.

El discurso del presidente Milei -de espaldas al parlamento, ¡qué feo!, ¡qué necesidad!- fue fuerte, sin aquellas propuestas mágicas y de impacto, pero sincero o realista. Puso en claro el desastre que recibía y anunció meses difíciles para el pueblo argentino. No mintió; no podía hacerlo, debía preparar a la gente. Algunas omisiones: corrupción y casta sindical, por ejemplo.

Hubo sí más omisiones en las “medidas de emergencia” del ministro Caputo; devaluación más alguna novedad: aumento de impuestos. “Antes me corto el brazo”, había dicho Milei, en campaña, alguna vez.

Al estilo Milei, se dijo. También se dijo que para conformar su gobierno fue pragmático. ¿Un libertario pragmático? No encaja. ¿Liberal pragmático? Puede que ese sea el tránsito hacia la social democracia y que, si no se frena, pueda desbarrancar y degenerar en populismo y después de eso en cualquier forma de totalitarismo. Los liberales pragmáticos dudan de las señales genuinas del mercado y están temerosos y atentos a otros ruidos provocados y organizados que nada tienen quiere ver con la naturaleza y la libertad: no son voces ni manos invisibles. En el flamante gobierno libertario hay peronistas, massistas y Patricia Bullrich, esta con la tarea dura de enfrentar lo que se venga: si pierde asumirá los costos, si vence, será mérito de Milei.

Influyó, en ello, su ministro del Interior, el peronista Guillermo Francos y su hermana. “Karina es su pie a tierra”, afirman. ¿Es la pragmática? Milei le llama “el Jefe”; y hasta “el Mesías”.

El kirchnerismo aguarda en sospechoso silencio. Emboscado, a la espera de algo prometido, quizás. El martes 19 lanzan sus fuerzas de choque más fundamentalistas (un primer tanteo a Bullrich). La CGT, atenta.

Quiero que le vaya bien al Gobierno de Milei. Por los argentinos y a la vez porque sería nefasto que fracasara y más en nombre del liberalismo.

Hay cosas que me rechinan: cosas de sus discursos, sus “perritos” en el bastón de mando, el ninguneo a sus colaboradores de primera hora, aunque no me gustaran, sus contradicciones y olvidos. Pero lo que más me rechina es la primera dama: su hermana y secretaria general de la Presidencia, para lo cual se derogó una norma que lo impedía. A mí ese tipo de duplas me asustan: Perón-Evita (e Isabelita), Ortega-Murillo, Néstor-Cristina, Fidel y su hermano Raúl, Calígula y su caballo Incitato. Yo qué sé. Un futuro incierto confuso y complejo.

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