En la Argentina de la “Década Infame”, el conservadurismo rancio que poseía la Pampa Húmeda generó un sistema de manipulación electoral para que no pueda regresar al poder una expresión de las mayorías, como había ocurrido con Hipólito Yirigoyen. Convencidos de que las mayorías no debían elegir el gobierno ni obstruir su accionar, tras el golpe que derrocó al presidente radical en 1930, los conservadores impidieron que las urnas reflejaran la voluntad popular durante diez años mediante una manipulación del sistema electoral que llamaron “Fraude Patriótico”.
Como aquellos conservadores argentinos, la actual ola ultraconservadora que gobierna los Estados Unidos y promueve su expansión por Occidente, está perfeccionando el sistema fraudulento que impida el retorno al poder de centroizquierdas y centroderechas.
Uno de los instrumentos para manipular elecciones son los algoritmos.
Los dueños de los algoritmos son archimillonarios que desarrollan Inteligencia Artificial (IA), tecnología digital y redes sociales. Elon Musk, Peter Thiel, Sundar Pichai y Mark Zuckerberg entre otros, surfean la “ola reaccionaria” que intenta barrer la democracia liberal de Occidente, clausurando centroderechas y centroizquierdas.
El “Fraude Patriótico” actual se perpetra a través de internet y de las redes. Putin dio el primer paso de la ofensiva ultraconservadora, con sus hackers y trolls destruyendo la campaña de Hillary Clinton.
El control de los algoritmos, visibilizando o ocultando personajes y mensajes en las redes, fue crucial en el dispositivo para que el magnate neoyorquino regresara a la Casa Blanca, a pesar de haber intentado un golpe de Estado que dejó siete muertes en el Capitolio.
Debilitados por las consecuencias económicas de su negligente guerra contra Irán, los “tecno-libertarios” van a usar los algoritmos para evitar una debacle ultraconservadora en las elecciones legislativas de noviembre y luego intentarán que el sucesor de Trump sea el oscuro J.D. Vance.
Los algoritmos actuarán para que el apellido Bolsonaro recupere el Palacio del Planalto y, en Argentina, desde Silicon Valley con Peter Thiel en los comandos, se activarán los algoritmos y demás dispositivos de tecnología digital para manipular desde internet y las redes el proceso electoral a favor de Javier Milei.
Como lo ha expresado en sus libros el dueño de Palantir Technologies, las mayorías no deben intervenir en la elección de los gobernantes ni deben obstruir el manejo del poder controlado por megamillonarios que producen tecnología digital, como la Inteligencia Artificial y el análisis masivo de datos. Ellos hacen hoy lo que hacían los conservadores de la Pampa Húmeda en la Década Infame.
Silicon Valley le disputa a Washington el poder real. Trump es el arma contra los gobiernos occidentales que quieren regular la IA. Como explicó el experto en tecnologías emergentes Adam Segal en un lúcido ensayo sobre la vuelta de Trump al Despacho Oval, el objetivo es evitar que en Europa “se regule la tecnología, en especial la ley de Mercados Digitales, la ley de Servicios Digitales y la ley de Inteligencia Artificial”.
El vicepresidente lo dijo en la Cumbre de Acción sobre IA que se realizó en París. Para Vance la Inteligencia Artificial es “una herramienta de poder económico y militar estadounidense”.
En rigor, esa herramienta no es para el poder de Estados Unidos, sino para la elite reaccionaria que intenta retener el poder en la superpotencia.
La primera encíclica de León XIV advierte sobre la IA colocando a éste Papa en la primera línea de choque con quienes se están convirtiendo en nuevos dueños del poder en Occidente.
Lo que implicó Rerum Novarum a fines del siglo XIX implica hoy Magnifica Humanitas. León XIII enfrentó con la Doctrina Social de la Iglesia los efectos negativos de la producción masiva. El equivalente actual a la producción con máquinas de vapor y líneas de montaje, son la IA, el análisis masivo de datos, el control de las redes sociales y la manipulación electoral a través de los algoritmos.
La ultraderecha tecno-libertaria que avanza contra la democracia liberal es el equivalente actual y a escala occidental de lo que fue a escala nacional el conservadurismo fraudulento de la “Década Infame”.