La basura

La Usina 5, uno de los principales puntos para la recepción de la basura recolectada en Montevideo, fue ocupada por un grupo de clasificadores. Hace un tiempo la Intendencia Municipal capitalina acordó con los clasificadores que determinado número de camiones de recoleccción de residuos municipales habrían de vaciar, todos los días, su carga en un área especial. Allí, los clasificadores pueden revisar los residuos y retirar los materiales rescatables. Una vez completado el proceso, la Intendencia recoge lo que resta y deja el espacio libre para recibir más camiones. Por diversos motivos, la Intendencia no cumplió en estos últimos días con lo pactado. Finalmente se habría llegado a un acuerdo, pero lo sucedido contribuyó a destacar uno de los problemas más graves de nuestra ciudad (El País, 12 de agosto).

El surgimiento de los carritos y de los clasificadores es un fenómeno relativamente reciente que tiene una considerable importancia social. También tiene un impacto económico bastante más importante de lo que se suele pensar.

En la actualidad, ingresan unas 1.500 toneladas diarias de basura a las plantas de disposición final de la Intendencia, resultado de la recolección, barrido y otros desechos generados por particulares. Ese promedio diario ha tendido a disminuir. Según el Segundo Informe Ambiental de la Intendencia, en octubre de 2001 el promedio diario fue de 2.034 toneladas. Los técnicos municipales opinan que esa disminución obedece a dos factores principales: la caída en el consumo de los vecinos, producto de las dificultades económicas, y a un incremento en la actividad de los clasificadores. Como resultado de este último factor, es probable que un volumen considerable de los desechos generados por la ciudad termine saliendo del circuito formal. Parte de ese material será reciclado, el resto probablemente terminará abandonado en diferentes lugares, como los basurales, el alcantarillado y los cursos de agua del departamento.

Un reciente estudio sobre los clasificadores realizado en 2002, por la Intendencia y la Organización San Vicente, Obra Padre Cacho, revela varios hechos importantes. Se censaron en total 5.312 clasificadores. Esta cantidad es 52% mayor que el número registrado en el censo voluntario de 1990. La mitad de los censados el año pasado habría ingresado a la actividad en los últimos seis años (por ejemplo, en el año 2000 ingresaron 551 encuestados). El 73% nació en Montevideo. La mitad de los encuestados correspondía al grupo de edad de entre 18 y 39 años. La mayor parte tiene enseñanza primaria (61%). Una proporción muy alta de los encuestados eran trabajadores no calificados, oficiales operarios y artesanos. El 83% no tiene otra ocupación.

Los hogares de los censados sumaron en total 23.398 personas (8.960 adultos y 11.785 niños y jóvenes). El 67 % de la clasificación es realizada en la casa.

La encuesta estima que semanalmente se "clasifican" unas 1.865 toneladas de desechos. De ese total se obtiene alimento (438 toneladas semanales), chatarra (400 toneladas) papel y cartón (733 toneladas); lana, trapo y cuero (100 toneladas); y cobre, aluminio y bronce (91 toneladas semanales). Los metales son los elementos más codiciados. Estas cifras sugerirían que, en total, cada año se "clasifica" o rescata un volumen significativo de papel, cartón y metales. La actividad de la clasificación generaría para los clasificadores un ingreso en torno de 3,9 millones de dólares anuales (734 dólares por clasificador por año).

Un directivo de la Unión de Clasificadores de Residuos Urbanos Sólidos entrevistado por El País, advirtió que en la Usina, se "están enterrando millones de dólares porque de los más de 500 camiones que llegan por día a nosotros solo nos dejan 30. Y la tarea de salvataje de materia prima para la industria que realizamos, en nylon, plástico y polifón es de mucha utilidad". Una hipótesis razonable que merecería una seria consideración, tanto desde el punto de vista económico como del ambiental.

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