Kristalina le erró de país

Es eso, o a la directora del Fondo Monetario Internacional se le entreveraron los papeles a la hora de su discurso el otro día en las Jornadas Nacionales de Economía. Kristalina Georgieva dijo que los uruguayos deberíamos dejar de “fijarnos tanto en el espejo retrovisor” y empezar a mirar hacia adelante, “tomando un poco más de riesgos y ser más valientes”.

También hay otra explicación. Y es que la pobre Kristalina haya quedado tan impactada con la declaración de unos niños de una escuela pública de Solymar Norte, que le escribieron una carta diciendo que “Te amamos muchísimo”, que se le hayan entreverado los discursos. Para la encargada de un organismo que opera como prestamista de emergencia global, acostumbrada a ser recibida con insultos y pedradas, esa declaración de amor infantil es lógico que la haya descolocado.

La visita de Georgieva a Uruguay es la primera de un director del FMI en 15 años. Y en esa ocasión quien vino fue nada menos que Dominique Strauss Khan, quien tuvo una cálida reunión con el entonces presidente Mujica. Poco después fue acusado de abuso sexual y varias otras linduras, con lo cual Kristalina debería caminar con cuidado a futuro.

Pero volviendo a su removedora declaración, es claro que la misma debería tocar alguna fibra del ser nacional. Si bien, que un banco te inste a ser más arriesgado debería ser visto con cierta desconfianza. Ya se sabe lo que se dice de esas instituciones: te ponen el paraguas cuando sale el sol, pero apenas cae la primera gota, el mismo desaparece.

Para empezar, lo del espejo retrovisor. Si vemos los principales temas del debate público nacional, un porcentaje asombroso tiene que ver con cosas del pasado. Y no sólo del llamado “reciente”, como nos gusta referirnos a cosas de hace 50 años. Sino que la mayoría de los temas de debate son los mismos que se podían leer en los diarios hace 20, 40, y 60 años.

Por ejemplo, el tema que más preocupa a los uruguayos hoy es la seguridad pública. Pero el otro día abriendo un tomo de la colección vieja de El País de 1995, el tema ya se robaba buena parte de los titulares, en tiempos en que se debatía con fiereza la llamada “Ley de seguridad ciudadana”. Sus impulsores defendían una necesaria dosis de “mano dura” para enfrentar a una delincuencia ensoberbecida, y sus críticos clamaban que era una directa violación a los derechos humanos, impulsada por miliqueros nostálgicos de la dictadura.

Cualquier similitud con lo que pasa ahora, 31 años después, no es mera coincidencia.

Algo parecido ocurre con el acceso a la vivienda, y los asentamientos. Hoy se habla mucho de ese tema, ya sea vinculado justamente al tema seguridad, o por los problemas sociales que allí se viven. Y se lanzan proyectos de apoyo social, públicos y privados, ante el dolor de que 200 mil uruguayos vivan en esas condiciones.

Allá por principios de los 90, un entonces joven periodista de El País hacía sus primeras armas cubriendo la Junta Departamental de Montevideo. Y con la presencia de ediles como Jorge Zabalza, Artigas Melgarejo, Mario Linzo o Esteban Jardín, se presentaba un documento titulado “Asentamientos irregulares, diagnóstico y solución”. Lo encontramos hace poco en unos movimientos en la biblioteca personal, y entonces se hablaba de que vivían en asentamientos unas 230 mil personas.

En Uruguay, treinta años no es nada...

Algo parecido ocurre con otros temas como pueden ser el nivel de precios, o el costo de producir y vivir en el país. De hecho, esto último era el gran dilema que afectaba la competitividad y jugaba en contra de nuestra ya entonces sufriente industria nacional a principios de los 90 con el arranque del Mercosur. Y hoy sigue presente en cada edición de El País, cuando no es por la planta de FNC en Minas, es Coleme en Melo, o alguna otra.

Pero tampoco hay que ser tan derrotista ni cínico. Porque el país ha logrado procesar algunas reformas importantes, y la realidad es que hemos prosperado mucho en los últimos 25 años. Por ejemplo, la inflación que siempre fue un tema doloroso para los uruguayos, logró en este año tocar sus mínimos en décadas. Curiosamente, el que estaba menos contento por eso era el ministro de Economía.

Pero parecería que los uruguayos tenemos un tema con el riesgo. Fíjese lo que nos pasó con el fútbol: nos la jugamos, contratamos el técnico más ofensivo posible, le dimos todos los elementos y confianza, y terminamos con un equipo que hacía doler los ojos, y que no le pudo ganar ni a Arabia ni a Cabo Verde. Tal vez nuestra condena y bendición a la vez, sea estar determinados a avanzar a pasos lentos, pero seguros. O al menos eso parece mostrar nuestra historia.

Aunque alguien con mala fe podría decir que mirar demasiado por el espejo retrovisor es justamente lo que hace esta misma columna.

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