Jugando con fuego

El discurso judeófobo, que a lo largo del siglo XX fue proclamado por la ultraderecha europea genocida y ciertos estamentos reaccionarios de las democracias capitalistas, ahora pendula hacia el otro extremo. Mis amigos de izquierda, que han llenado sus redes sociales de consignas contra Israel, en contra de un “sionismo” que mal entienden, ahora no dicen ni una palabra de la rebelión iraní contra su teocracia sanguinaria.

Encontré especialmente emotivo ver a mujeres iraníes bailando en la calle como acto de protesta: pocas disciplinas artísticas como la danza tienen en sí mismas ese poder de liberación y resiliencia. Los totalitarios odian el cuerpo. Patotean a la gente para regimentarla. Contra la libertad de movimiento del bailarín, oponen la coreografía dura y uniforme de marcar el paso. Contra la belleza de la desnudez, oponen la burka que anula la individualidad. Contra la libre opción sexual de las personas, oponen la persecución y exterminio de los homosexuales y el mandato exclusivo de la procreación por sobre el del goce.

Las mujeres iraníes que hoy están respondiendo a las balas con danza y rostros y cabellos descubiertos son un ejemplo para el mundo, aunque haya en nuestro país movimientos reivindicativos sesgados, que sobredimensionan las injusticias de un lado pero omiten hipócritamente las del otro.

Mientras Oriente despierta, Occidente se suicida. En el mismo momento en que abundan las proclamas antisemitas, el flamante alcalde de Nueva York Zohran Mamdani derogó normas formuladas por su antecesor contra el discurso de odio antisemita. También revocó la prohibición de que los funcionarios municipales participaran en “acciones de boicot contra Israel”. Todo esto está pasando en una de las ciudades más importantes de EE.UU..

Por su parte, el diario El País de Madrid publicó una crónica “denunciando presiones” de la colectividad judía catalana para bajar de internet un sitio donde se listaban las empresas de Barcelona cuyos dueños profesaban dicha religión. El periodista Alfonso Congostrina titula su nota: “La comunidad judía en Barcelona logra desactivar una web propalestina que señalaba sus negocios”.

El colgado original de ese título era “Genocidio” y como hubo lectores que se quejaron, luego lo cambiaron por “Matanza en Gaza”. En la crónica se da voz a la organización de universitarios propalestinos que tuvieron esa idea, a la que describen como “un mapa colaborativo que tiene como voluntad exponer el entramado económico del sionismo en Barcelona (…). Era necesario desenmascarar a los vecinos que ayudan a que se cometa un genocidio al otro lado del Mediterráneo. También era útil para evitar que el dinero de nuestros vecinos acabe en manos que no deseamos”. Jugando a reeditar la Noche de los Cristales Rotos.

Otro periodista del mismo diario español, Jesús Sérvulo González, publica otra crónica, en este caso sobre el magistrado estadounidense que preside el juicio contra Nicolás Maduro. Escribió textualmente que “durante su carrera ha emitido sentencias bien fundamentadas y se ha esforzado por mantener una postura imparcial, a pesar de ser un reconocido miembro de la comunidad judía”. Fue tal la lluvia de críticas por semejante disclaimer, que eliminaron esto último en la versión web.

Cabe preguntarse hasta dónde piensan llegar con esta escalada judeófoba, contrabandeando prejuicios a diestra y siniestra. Sobre todo a siniestra.

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