Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Vendimos el avioncito

El mes pasado fue rematado el avión que Tabaré Vázquez compró para la Presidencia.

Había costado 1.100.000 dólares. Para hacer pasar por necesario un gasto abiertamente superfluo, se le adaptó al avión una camilla: con eso se aumentó el costo. El avión, con camilla o sin camilla, casi no se usaba y tenerlo guardado en un hangar no era ahorro: salía una montaña de pesos.

El avión fue rematado a precio vil; el nuevo gobierno se lo sacó de encima: regalarlo era más barato que mantenerlo. No hubo una sola voz de protesta por este desprendimiento, nadie se quejó, nadie reclamó: ni el Frente Amplio, ni el Pit-Cnt ni el Inddhh. Todo el mundo en el molde: era evidente que eso era lo que había que hacer.

Los mismos argumentos que justificaron desprenderse cuanto antes del avión presidencial son los argumentos que justifican desprenderse de toda la división pórtland de Ancap. Hay una gran diferencia de tamaño, es cierto, pero lejos de asustarse por el tamaño este agrega urgencia al asunto.

Igual que el avión presidencial la división pórtland de Ancap cuesta mucha plata, da pérdidas sostenidas y no presta utilidad real: otras empresas del ramo producen lo mismo, más barato y sin necesidad de asistencia financiera permanente. Esa obstinación irracional viene sucediendo hace muchos años, antes de los gobiernos del Frente, no es invento de los Directorios que presidieron Sendic o el Ing. Martínez.

Si en el país no hubiese otra forma de obtener pórtland se entendería la terquedad en poner más plata e insistir, pero no es así, hay otras fábricas que producen lo mismo y encima ganan plata al hacerlo. Es decir: el avión es caro, no sirve más, hay otros modos de volar más baratos: la solución es vender el avión ¿no?

Aquí entran en escena las objeciones prefabricadas. ¡Qué barbaridad dejar en la calle a toda la gente ocupada en eso! Nadie quedaría en la calle: Ancap puede seguir pagando todos los sueldos y aún así, con la planta cerrada, perderá menos.

Pero el argumento (y la sensibilidad) de trabajadores sin trabajo tiene otra cara ahora en tiempos del Covid-19. Otra cara. Hoy hay muchos uruguayos que se dedicaban a actividades productivas, como el turismo por ejemplo, que están sin trabajo hace ocho meses.

No son un par de cientos, como sería el caso de la división pórtland de Ancap sino decenas de miles. No son uruguayos que eran una carga, que generaban pérdidas y costos sino, al revés, uruguayos que producían mil millones de dólares anuales para sus bolsillos, para sus familias y para las arcas del estado. Esto merece atención y asistencia: lo otro no es ni razonable.

Alguno podrá pensar, asustado, que con todos los líos que hay, de pandemia, presupuesto, la LUC y la UAM no conviene agregar un factor de irritación más. Se equivocan. Este momento en que la tormenta afecta emprendimientos útiles y productivos es justamente el momento apropiado porque pone a la vista, irritantemente a la vista, lo irracional y lo torpe que es seguir poniendo plata en emprendimientos deficitarios en vez de dejar que se ocupen otros que hacen lo mismo y dejan beneficio.

Lo razonable es vender este otro avión cuanto antes. Como nadie lo va a querer comprar, hay que cerrarlo. Todo un país trabajador -empleados y patrones propietarios- que hoy se las está viendo negras con la pandemia lo va a entender y lo va a aplaudir. ¡Cerremos la división pórtland de Ancap! (Hagamos otro país).

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