La prosa refiere a la inversión en obra privada, sustancialmente en vivienda. Y lean como nos expresamos: rotulamos con la palabra inversión..., que es distinta a diseñar o construir, también aspectos clave en la cadena virtuosa de la construcción.
Pero sucede que, si no existe un inversor, individual, colectivo, no se genera todo el derrame posterior de demanda de mano de obra, en todos los vínculos que ésta puede generarse, desde un oficial carpintero, pasando por un arquitecto y terminando en un profesional de la esfera jurídica, a vía de ejemplo. Como en tantos otros aspectos. Si no hay inversor, no hay obra...
La industria de la construcción lanza sus tentáculos por doquier y en su camino van trepidando distintas industrias, profesionales de distinta laya, fleteros, camioneros, proveedores de insumos, que van dándole forma al mentado círculo virtuoso de la construcción.
Sin perjuicio del peso que tiene en el PBI y en el empleo, hoy encontramos casi 60 mil obreros directos trabajando, es un sector integrado al tejido productivo provocando trascendentes encadenamientos. Su aporte al PBI ronda el 10% y cuando nos referimos a encadenamientos impulsores de la economía, hace alusión al contacto con otros sectores de actividad.
Nos decía el Centro de Estudios de la Industria de la Construcción, CEEIC, respecto a los encadenamientos para atrás, cuando apuntamos a la capacidad de un sector de mover a otros sectores vinculados con la demanda de insumos, que en definitiva la construcción utiliza.
Por ejemplo, el valor agregado que generan sus proveedores como hierro, cemento, cerámica, madera, maquinaria y los etcéteras son cuantiosos. Y además dichos encadenamientos pueden ser directos o indirectos (proveedores de proveedores). Nos ilustra el CEEIC respecto a que el sector es “impulsor”, es decir y reitero, capaz de generar derrames en el resto de los sectores como fue expresado líneas arriba.
Vayamos a otro punto de vista que suele pasar desapercibido; cuando se está construyendo un edificio, es notorio el impulso que existe en derredor de dicha inversión.
Pero agrego: una vez concluido dicho proyecto inmobiliario, seguirá dando trabajo porque el edificio necesitará multiplicidad de servicios: desde un administrador, un sanitario, un electricista, servicio de bombas de agua, pintura, calefacción, servicio de seguridad y/o portería, limpieza, paisajismo y podríamos seguir.
Además de los tributos que comenzará a generar el gobierno departamental que corresponda, contribución inmobiliaria, impuestos de puerta, sin perjuicio de lo que recauda la DGI por el impuesto de Primaria.
Retornando al título de la nota y refiriéndome como se estableció, a la obra privada.
Durante el pasado año los promotores privados de la construcción invirtieron en obra privada, sustancialmente vivienda, una cifra millonaria en dólares, en sus diversos estadios, como vivienda promovida, megaproyectos, el plan Entre Todos y lo que es la promoción tradicional que no se inserta en los mencionados.
Ha quedado demostrado que lo que se llama GASTO TRIBUTARIO (lo que el Estado deja de percibir por exoneraciones) y refiriéndome a la vivienda promovida, es compensado con creces por precisamente todo el dinero que se invierte en gran parte de la ciudad (nos referimos a Montevideo), donde hacía más de 30 años no se construía nada. Ergo, no se recaudaba nada.
Decenas y decenas de barrios se han enriquecido estéticamente con la presencia de muy dignas edificaciones, lo que implicó demanda de mano de obra y además una dinámica económica cuantiosa. Porque compete acotar que, si bien están exonerados los promotores privados, no lo están todos los agentes vinculados a la obra, desde profesionales, fleteros, proveedores de insumos, etc, quienes aportan la tributación pertinente.
Hay que terminar con esa cantinela engañosa (que el Estado deja de ganar), por lo menos en este tema específico.
Finalmente: se comienza a negociar un nuevo convenio colectivo. Es un punto de inflexión. Las gremiales empresariales y el sindicato, ajustarán números, reivindicaciones y los temas se dilucidarán, con pautas salariales que debe remitir el gobierno. Hay mucha conciencia y responsabilidad en estas lides, de parte de todos los intervinientes. Cuando se utiliza la coma, apelamos a una suerte de metáfora asimilando aquella (la coma), a un descanso, por ejemplo “no es el final, pero hagamos una pausa”.
Entre la buena disponibilidad que ha mostrado el gobierno para con las reivindicaciones del sector privado en construcción y anhelando la firma de un convenio equilibrado, por ahora, no se vislumbra la citada coma...