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Ida y un siglo de vital poesía

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Celebrar cien años de vida, es un privilegio que pocas personas alcanzan. Celebrarlos, además, gozando de buena salud y con lucidez es un regalo de la vida. El próximo jueves 2 de noviembre la poetisa Ida Vitale festejará su siglo de vida y será un acontecimiento memorable no solo para ella y su familia, sino también para la cultura uruguaya.

Esta mujer menuda, de un fino sentido del humor y una calidez excepcional, ha recibido los premios literarios más importantes que se otorgan en el mundo. Fue recién y pese a tener decenas de libros de poesía publicados y una larga trayectoria como periodista y traductora, que comenzó a ser descubierta en Uruguay. Por entonces, Ida había cumplido los 90 años y enviudado de su segundo marido, el también poeta Enrique Fierro. La muerte de su esposo hizo que hiciera las valijas, embalara su enorme biblioteca y volviera de Estados Unidos para radicarse nuevamente en Uruguay.

El Premio Cervantes le llegó en 2018 y en abril del año siguiente emocionó con su sencillez y calidez a los reyes de España, Felipe y Leticia, que le entregaron el máximo galardón que se otorga en lengua española. El discurso de Ida en Alcalá de Henares, fue memorable. En él repasó su vida y su relación con el Quijote, novela que leyó íntegramente , por primera vez, cuando ya era una mujer adulta y estudiaba en la Facultad de Humanidades.

Ida es la última representante de la denominada Generación del 45, aunque ella no suele hacer mención a ese grupo de escritores y críticos compatriotas que marcaron para siempre a la Literatura uruguaya.

Pero sobre todas las cosas, Vitale es el fruto de la clase media que se consolidó en Uruguay en las primeras décadas del siglo XX. Sus padres eran de ascendencia italiana y en su casa había muchos libros y se recibían varios diarios por día. Su gusto por la lectura nació en ese hogar culto y en el que su tío Pericles le leía cuentos y novelas por las noches. Siendo una niña, ella misma comenzó a armar su propia biblioteca, y los sábados se dedicaba a limpiarlos y ordenarlos.

Vitale cursó Primaria y Secundaria en la Enseñanza Pública, (asistió a la escuela República Argentina) e inauguró, en 1939, los Preparatorios Femeninos del Liceo Elbio Fernández.

Se casó joven por primera vez con el crítico literario Ángel Rama, con quien tuvo dos hijos: Amparo y Claudio. Para ayudar a la manutención del hogar, daba clases de Literatura, hacía traducciones y escribía artículos para el semanario Marcha. También encontraba momentos en sus tareas como madre para escribir poesía. Nada más uruguayo que la vida de esa mujer y de su familia.

Durante la dictadura, debió exiliarse. Se radicó en México y cultivó allí su amistad con Octavio Paz. En agradecimiento le dedicó a ese país varios de sus libros de poesías. Con el retorno de la democracia, regresó a Uruguay. Su marido se desempeñó como director de la Biblioteca Nacional, y cuatro años más tarde fue convocado para dar clases en la Universidad de Austin. Vivió allí hasta 2016.

En una oportunidad le pregunté a Ida si alguna vez había imaginado recibir tantos premios internacionales. Ella me respondió: “Nunca” y agregó: “quizás todo consista en lo que se pida, en lo que se espera, cuando uno no espera mucho las cosas caen de regalo”.

¡Feliz cumpleaños, Ida!

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