Hechos, no palabras

Está cediendo la aguda crisis hídrica que azotó a la región y, particularmente a la cuenca del río Santa Lucía -de la cual depende el suministro de agua potable de toda la zona metropolitana de nuestro país.

Dejó demostrado con claridad la falta de previsión de los últimos gobiernos al no tomar en serio el riesgo, ya advertido, de que se instalara una situación de sequía extrema, como la que finalmente aconteció. En su momento se estudiaron algunas posibilidades transformadas en proyectos que quedaron en el papel. La inercia estaba respaldada en que se consideraba poco probable que ocurriera, lo que a la postre llegó a ser la sequía más importante de la historia.

Su concentración en la zona metropolitana (la totalidad de Montevideo y parte de Canelones y San José) es particularmente grave porque allí viven 2 millones de personas, o sea el 60% de la población del país.

El anterior gobierno (el tercero consecutivo del Frente Amplio), en una actitud incomprensible, en vez de llevar adelante la obra (“Casupá”) que había seleccionado como la más adecuada, le entregó al gobierno electo -del Partido Nacional y la coalición multicolor- el proyecto para que este lo llevara a cabo.

Las nuevas autoridades, a diferencia de las anteriores, tomaron el asunto con la responsabilidad que merece y se pusieron a trabajar en él. Concluyeron que el mejor proyecto a encarar era el que se denominó “Neptuno”, recurriendo al Río de la Plata como fuente hídrica; evitando recargar aún más a la cuenca del río Santa Lucía, si se recurre a las aguas del arroyo Casupá. Dicha cuenca presenta una serie de problemas de contaminación y de variación de sus flujos según los vaivenes de los ciclos hidrológicos, que la hace vulnerable. En cambio las aguas del estuario, si bien presentan el inconveniente de requerir su desalinización, son inagotables y están al alcance de la mano.

Dado que se trata de una fuente de agua potable de respaldo, el gobierno evaluó sus posibilidades y la escogió como la opción más conveniente. A esas consideraciones hay que agregarle un aspecto nada menor, por cierto. Su financiación se realiza mayoritariamente con capitales privados, sin que ello signifique privatizar el suministro de agua potable metropolitano -como lo prohíbe expresamente el texto constitucional-, pues seguirá siendo brindado por OSE.

Llama la atención la diferencia de proceder. Asumió el actual gobierno y encaró una serie significativa de proyectos considerados necesarios para el país, sin que el inesperado golpe de la pandemia desalentara los compromisos asumidos.

El llevar adelante el proyecto “Neptuno” debió ser recibido con beneplácito y apoyado de todos, pues su concreción será un beneficio concreto y a largo plazo para la población metropolitana. Pero no fue así; algunas personas se han encargado de boicotearlo de todas las formas posibles, persiguiendo fines político-electorales e ideológicos, recurriendo incluso a la violencia directa como fue el uso sindical de las bombas de humo en el interior de la sede de la OSE.

Una de las grandes diferencias entre los buenos gobiernos y los mediocres radica en priorizar obsesivamente los hechos en detrimento de las palabras.

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