Ahora vendrá una discusión sobre que debe ser primero. El gobierno israelí dirá que sus fuerzas saldrán de Gaza una vez que Hamás haya entregado el último fusil. Hamás lo rechazará y dirá que entregará sus armas cuando Israel haya completando la retirada. Será arduo y habrá riesgos de marcha atrás. Pero el acuerdo anunciado es un hito histórico y las discusiones que se den sobre su implementación corresponden a una dimensión diferente y auspiciosa.
Si se cumple lo acordado, habrá un gobierno técnico apoyado por la Autoridad Nacional Palestina (ANP), la seguridad estará en manos de una fuerza internacional y, a renglón seguido de recuperado el orden y la gobernanza, vendrá la reconstrucción de las ciudades y aldeas que han sido reducidas a escombros.
Concluirían así dos décadas infernales para los gazatíes. Un tiempo siniestro que comenzó en el 2007 cuando, tras vencer al partido Fatah en la elección legislativa, Hamas tomó el poder por la fuerza en la Franja de Gaza y expulsó violentamente del territorio a todos los funcionarios, dirigentes y simpatizantes del movimiento creado por Yasser Arafat y ahora liderado por el presidente de la ANP,Mahmoud Abbas.
Muchos de los miembros de Fatah fueron asesinados, o bien linchados o acribillados, o bien lanzados desde los edificios.
Así comenzó un reinado de terror que primer encabezó Ismail Haniye hasta el 2017. Luego Yahya Sinwar, caído en el 2024 durante un ataque israelí dejando el poder en manos de su hermano, Mohamed Sinwar, caído al año siguiente también en una acción militar.
Liderado por su creador, el jeque Ahmed Yassin y tras su muerte por sus sucesores, antes de tomar el poder en Gaza Hamas perpetraba atentados terroristas en Israel. Cuando asumió el control del territorio gazatí, su brazo armado, Ezzedim al Kasem, comenzó a tomar forma de ejército con artillería para continuar sus ataques a Israel, pero desde Gaza.
Cada tres años o cuatro, Hamas iniciaba guerras de misiles, primero con los Katiushkas que le enviaba Hezbolá, luego con los Kasam de fabricación gazatí y finalmente con misiles más sofisticados producidos en Irán. En los intercambios, Israel interceptaba los cohetes lanzados por Hamas, mientras que la población gazatí sufría los misiles israelíes que respondían cada ataque.
Pero el peor de los infiernos para la población de Gaza comenzó tras el pogromo sanguinario que lanzó Hamas el 7 de octubre del 2023.
Yahya Sinwar llevaba años preparando una guerra inspirada en el estratega vietnamita Vanguyén Giap, construyendo infinitos túneles y planeando un ataque que motivara una invasión israelí a Gaza, donde encontraría una guerra infernal con yihadistas que usarían a los civiles israelíes secuestrados como escudos y sacrificando a decenas de miles de civiles gazatíes para demonizar a Israel.
Netanyahu fue funcional a esa estrategia monstruosa al lanzar una guerra de tierra arrasada que mató a más de 70 civiles. De ese modo, Netanyahu cometió crimines de guerra, tal como lo buscaba la estrategia de Sinwar. Pero ese líder jihadista dio el paso que marcaría el comienzo del fin de Hamas como poder militar.
Por lógicas razones, buena parte del mundo condenó los crímenes de guerra cometidos por Netanyahu, pero casi nadie defendió a Hamas ni justificó el pogromo que dejó 1200 muertos y secuestró a 250 israelíes, dando inicio a esta guerra.
La destrucción total de Gaza y la muerte masiva de civiles palestinos era el plan de Hamas. Lo que no esperaba es perder el apoyo de los países árabes que, como Qatar, lo financiaban. Sin ese apoyo y con las ayudas iraníes bloqueadas por el conflicto actual y el aislamiento de Hezbola debido a los acuerdos entre Israel y el gobierno libanés, Hamás no pudo sostenerse como gobierno ni como fuerza militar.
En el plan original de la organización nacida durante la primera intifada, Hamás se mantendría como poder militar. Pero si aceptó desarmarse es porque no puede sostener tal pretensión.
El fin del poder de Hamas es una gran noticia para Gaza. Pero la contrapesa el drama de Cisjordania, donde colonos israelíes extremistas lanzan pogromos contra la población cisjordana en lo que constituye un claro intento de limpieza étnica.