En el registro cotidiano de la actividad política nacional se entreveran asuntos menores -muy estridentes y muy menores- con otros que atañen a problemas de verdadera entidad. Uno de estos es el de las pérdidas continuas de la división pórtland de Ancap. El gobierno está empeñado en buscar una salida y aplicar una solución.
Dos observaciones preliminares. No se puede creer la argumentación entre dogmática y supersticiosa del sindicato de Ancap para impedir cualquier cambio.
Y es asimismo increíble que desde el Partido Nacional nadie se sienta comprometido a una palabra de apoyo al propósito gubernamental.
Vayamos al fondo del asunto. La cerrada argumentación en contra que enarbola el sindicato de Ancap es fácil de desarmar ante la población: solamente hay que tomarse el trabajo de explicar.
El uruguayo es generoso y solidario pero siente que lo toman por gil al tener que entregar unos pesos cada vez que echa nafta en la moto para mantener una actividad que hace cincuenta años que da pérdida produciendo algo que otras empresas producen bien, generando riqueza nacional, pagando impuestos y sin necesitar apoyo.
El griterío -porque no es argumento- viene por el lado de la privatización. La privatización nubla la vista: siempre es pecado, una vez invocada no hace falta razonar más.
En nuestro país no hay más remedio que explicar un poco porque tenemos una historia detrás, un pasado mistificado. Sin embargo, hoy por hoy, la explicación necesaria se ha simplificado bastante: la lleva el ciudadano en su bolsillo; es su celular. Antel compite en telefonía con dos empresas privadas, no le va mal, y el ciudadano elige qué celular prefiere. La soberanía resulta tan salvaguardada como antes y dejamos de perder plata a lo bobo (literalmente).
La voluntad planteada sobre la di-visión de pórtland de Ancap es propicia para confirmar una imagen de este gobierno. Asunto importante. Si se quiere hacer el relato fidedigno que describa a este gobierno, este es un gobierno que busca soluciones, no postergaciones.
Así nomás. Frente a una larga historia de reculadas, de gobiernos -y partidos- que jugaron a no hacer ola y dejarse llevar; este gobierno se jugó a copar la parada. Lo de Ancap es uno de varios ejemplos.
Sostener la decisión de sacarse de encima la máquina de perder plata en Ancap es una porción sustantiva del relato de la gestión de este gobierno, se trata de una decisión coherente y que hace inteligible el conjunto de los actos de gobierno y la orientación política del mismo.
Hacerse inteligible a la gente es la base de un gobierno exitoso.
Por último; no puede ser que los únicos que explican y aparecen en los medios para defender esta medida de gobierno sean el ministro del ramo y el Presidente del Directorio de Ancap. Ninguno de los dos es dirigente político. Las figuras políticas del partido de gobierno ¿nada? El Directorio del Partido Nacional ¿nada? Las medidas de gobierno necesitan ser explicadas a la gente: para eso está el personal político.
Este gobierno está como aquel general de la novela de García Márquez: no tiene quien lo explique.