Francisco Faig
Francisco Faig

Saltó la cadena

¿Hizo bien el presidente en no otorgar la cadena nacional al Pit-Cnt para el próximo 1° de mayo? ¿Qué hay detrás de esta decisión y de la escaramuza posterior?

Hay un dato que se debe asumir de una buena vez por todas para entender la realidad: el Uruguay decidió, tres veces en 2019, cambiar de mayoría política. El mismo pueblo que votó de 2004 a 2014 mayoritariamente por las políticas del Frente Amplio (FA), y ratificó de esa forma las decisiones de alianzas que el FA había entretejido, es el que en 2019 dijo que no quería más el signo frenteamplista en el gobierno: ni su talante, ni sus aliados protagonistas, ni su rumbo, ni sus políticas.

Una de las características de los tres lustros de administraciones del FA fue el mayor peso sindical. Excesivo, patotero, hasta mafioso: si Ud. vivió en una burbuja compañera todo ese tiempo, lea el excelente “Poder sindical”, publicado en 2012 por Martín Pintos, y verá la gravedad del asunto (que nunca mejoró luego). La contrapartida de ese mayor peso fue una movilización sindicalista pro FA, que se hizo evidente, por ejemplo, en las elecciones de 2014 y de 2019: las piezas de campaña más ridículas del año pasado, aquellas que decían que si ganaba Lacalle Pou se acabaría el carnaval por ejemplo, llevaban el sello del Pit-Cnt. Finalmente, hace mucho tiempo que las encuestas señalan un estado de opinión muy crítico hacia ese poder sindical desmedido.

Cuando el presidente no otorga la cadena nacional al Pit-Cnt, anuncia que ella volverá a utilizarse con una finalidad estricta y limitada solo al gobierno, y además define que para el 1° de mayo los medios públicos estén a disposición del mensaje de la central sindical, no coarta ninguna libertad. Quienes creen que por todo ello el presidente limita la libertad de expresión, o muestra un carácter autoritario, son casi siempre los mismos que vegetan tras el muro de yerba. Sienten que, de golpe y por este asunto, moran en el Moscú de 1917: muestran así una especie de desequilibrio emocional, parecido al del célebre detective Torrente, pero aplicado a la política.

El asunto es sencillo. Se trata de dejar en claro que el Pit-Cnt no forma parte del gobierno: ni por la vía del compadrazgo que siempre mostró en los años del FA en el poder; ni por la vía de lo simbólico, como es el acceso a una cadena nacional. Y esa señal que da el presidente no solamente responde a lo que la gente votó, es decir, interpreta a la mayoría del pueblo uruguayo; sino que además va en el sentido correcto de devolver centralidad y autonomía al poder político, es decir, a la representación ciudadana que se expresa en el voto secreto periódico y en la institucionalidad democrática.

Lo que el presidente hizo fue quitar un poder simbólico al Pit-Cnt. Y el escándalo zurdo de estos días es muestra, justamente, de la resistencia de quienes no quieren dejar de ocupar un protagonismo que las urnas les quitó con claridad y contundencia. Quieren cogobernar con diálogo social; decidir políticas de crisis; seguir ocupando espacios simbólicos; mandar y dirigir, como si no hubieran perdido en 2019.

La política está hecha de símbolos, como el de esta decisión sobre la cadena. Seguramente habrá otras decisiones más que seguirán mostrando que el Uruguay cambió. Bienvenidas.

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