Fechas de bajo impacto

A principios de mes se conmemoró el Día Mundial de los Humedales. Es harto conocido el valor ambiental, productivo, turístico, cultural, paisajístico y recreativo que los caracteriza, considerando que pueden estar ligados a ríos, arroyos, cañadas, lagunas, lagos, pantanos, esteros, bañados, estuarios y amplias zonas costeras.

También sabemos de las múltiples amenazas que se ciernen sobre los humedales, como ocurre con obras de drenaje y desecación; la contaminación proveniente de centros poblados, de actividades agropecuarias e industriales; la expansión urbana y el avance de la agricultura y la forestación.

En materia de protección legal es evidente que estamos bien. Tenemos un marco normativo que prevé la protección de los humedales considerados de importancia para el país, al cual se ha agregado el Decreto Nº 228/025, incorporando 37 humedales localizados en los ríos de la Plata, Negro y Santa Lucía; la laguna Marín; y a lo largo de la faja atlántica de nuestro país.

Pero si vamos a hablar de protección real, una cosa es disponer de buenas leyes y decretos, y otra muy distinta es materializar sus contenidos en acciones.

Por ahora disponemos de una protección de papel. Para que deje de serlo, requiere de acciones concretas y de la toma de decisiones de parte de las autoridades nacionales y departamentales que efectivicen la conservación en el terreno.

Desde luego y al mismo tiempo, deben reforzar la profundización de medidas que promuevan la participación de la sociedad civil, en particular de aquellas personas responsables de los predios privados involucrados en los humedales protegidos.

Conmemorar el Día Mundial de los Humedales constituye una estrategia de bajísimo impacto porque tiende a generar una sensación de conformismo con lo que se despliega en el entorno inmediato de la fecha. Pero el resto del año el tema desaparece por completo de la opinión pública, hasta el próximo 2 de febrero.

Estamos convencidos de que el trabajo de sensibilización, información y difusión acerca de la importancia de la conservación de los humedales del país para el presente y futuro de nuestra sociedad, es una tarea que está en el “debe”.

Sigue predominando en la opinión de la gente la idea de que los bañados constituyen sitios sin valor, con muchas más contras que beneficios. Son tierras anegadas, criadoras de molestos insectos, que dificultan la circulación e impiden su uso para actividades tradicionales.

Casi no nos hemos preocupado de enseñar y difundir su enorme importancia debido a los bienes y servicios ambientales que ofrecen. Estamos hablando de descubrir que pueden ser una valiosa fuente de alimentos (peces, crustáceos, etc.), de generar actividades turísticas de gran demanda, de su capacidad de purificar el agua, de amortiguar inundaciones reteniendo grandes volúmenes hídricos por precipitaciones torrenciales, de actuar como regulador del clima y purificador del aire, de recargar acuíferos, de constituirse en valiosas fuentes de agua para consumo humano, del disfrute social por sus bellezas paisajísticas y, desde luego, por contener una gran riqueza biológica.

Necesitamos un cambio urgente de estrategia.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

premium

Te puede interesar