Explicarle a la gente

En estos días están teniendo lugar algunos conflictos sindicales. Hay que distinguir los conflictos originados por reclamos laborales: salarios, condiciones de trabajo, etc. de los conflictos en las empresas del estado en las que los motivos son la oposición a políticas públicas: en concreto, Ancap y OSE.

En el primer caso por la asociación de la división pórtland con un privado y en el segundo por la asociación con un privado en la construcción de un sistema de apoyo a Aguas Corrientes.

La División pórtland de Ancap viene perdiendo millones por año hace añares. La plaza está atendida por otras empresas particulares que producen lo mismo a menor costo. ¿Qué sentido tiene mantener a pérdida una producción? Las razones manejadas son insostenibles: la soberanía nacional, no mercantilizar Ancap, etc. La decisión del gobierno en el sentido que Ancap se saque de encima ese clavo es razonable (y necesaria).

Me objetará el lector advirtiéndome que, por razonables que sean los argumentos, no va a hacer cambiar la cabeza de esa dirigencia gremial y política. Contesto: esas dirigencias tienen bien calzado el balde y no les entran razones, ya lo sé, pero ellos necesitan apoyo de la opinión pública para mantenerse donde están y los uruguayos, que benévolamente los han apoyado, van a comenzar a aflojar ese apoyo cuando se les explique quién paga.

Agrego, sacrificando espacio, un recuerdo que es menester cultivar: en el gobierno de Lacalle fue liquidado El Espinillar. No solo el embotellado de fuego con ese nombre sino cuatro mil y pico de hectáreas en Salto, dedicadas al cultivo de la caña de azúcar a pura pérdida (igual que el pórtland). Se vendieron las cuatro mil hectáreas, se aguantó la tormenta política y los aullidos del FA y del sindicato y ahora en esos campos trabajan privados, producen, y si les va mal no tenemos que pagar las deudas ni Ud. lector ni yo.

Ahora el país ha ingresado al tiempo electoral, tiempo en el cual los partidos y los candidatos se aplican con ahínco a dos cosas (cuya conciliación algunos políticos no atinan a resolver y les complica notoriamente la vida). Por un lado se esmeran en enumerar los problemas del país y su compromi- so para encararlos, y por el otro lado aumenta la precaución y las rebajas en sus palabras para no contrariar a nadie y evitar asustar a algún votante.

Así como están ahora las cosas, exponiendo bien el asunto, la propuesta de sacarle a Ancap de encima el peso de la División pórtland no puede generar sino aprobación pública. Es absolutamente razonable y políticamente sólido. Es sencillo distinguir lo que gasta el estado de lo que pierde el estado, y convencer al ciudadano de la necesidad de contribuir a lo primero y protestar por lo segundo. Cuando el que pone nafta en la motito advierta que viene pagando, hace años, por una planta de pórtland innecesaria y deficitaria, entrará poco a poco a desconfiar del relato que pregonan el sindicato de Ancap y el Frente Amplio (y se preguntará a qué está jugando él).

Ha llegado un momento (una vez más: avanza por impulsos) en que la política de la sinceridad (o la sinceridad en política) pasó a redituar más que la falacia o la rutina. El uruguayo es solidario: lo demostró una vez más cuando el Covid; pero seguir bancando lo que Ancap hace a pérdida mientras otros lo hacen ganando, ya es otra cosa. Es un abuso. Es una estupidez.

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