El Diálogo Social por la seguridad social no obliga a nadie. Ni al gobierno, ni al Parlamento, ni a la sociedad uruguaya. Buena parte de los disparates que de allí salieron deberían ser, sencillamente, ignorados. El verdadero diálogo social en una democracia representativa se llama parlamento y es elegido cada cinco años.
La repercusión que tuvieron sus conclusiones entre agentes financieros internacionales de primer nivel debería alertarnos a todos. JP Morgan emitió un informe que levanta una bandera roja sobre lo que surgió del Diálogo, advirtiendo que cualquier alteración a las reglas del ahorro individual administrado por las AFAP podría disparar el riesgo previsional. Llama mucho la atención que un banco internacional haga una referencia tan explícita y negativa sobre temas de coyuntura uruguaya.
Esto sirve para recordarnos algo obvio, pero que de a rato se olvida. La credibilidad de Uruguay no es infinita. No es verdad que la estabilidad institucional nos garantice, pase lo que pase, crédito accesible y barato. Esas señales que hoy llegan de afuera son la prueba.
Las malas reacciones tienen varias causas, algunas de forma y otras de fondo. Llama especialmente la atención la ausencia de números con la que se realiza el planteo. La idea de que “no es rol del Diálogo Social hacer cuentas” es sencillamente ridícula. Estamos hablando de proponer cambios en un sistema que administra fondos por más de 27.800 millones de dólares -cerca de un tercio del PBI- y de tocar la edad jubilatoria de segmentos relevantes de la población. Avanzar sin números es avanzar a ciegas; y al final, alguien paga. Con la poca información que tenemos hoy parece claro que, de avanzarse con estas propuestas, el costo social y fiscal será importante, y se suma a unas cuentas públicas ya muy desafiadas.
Estamos a tiempo de corregir el rumbo. A tiempo de desarmar cualquier toqueteo, o ajuste en el mejor de los casos, a las AFAP mientras no esté completamente blindado el sistema de ahorro individual, a la vista de los uruguayos y del exterior. Tal como explicó muy bien Rodolfo Saldain, ninguna supuesta ganancia de eficiencia compensa el daño que provoca la amenaza permanente de grandes sectores del gobierno al corazón mismo del sistema. Mientras quienes promovieron un plebiscito no acepten su derrota y abandonen la agenda explosiva, no corresponde ninguna otra tarea que blindar el pilar de ahorro y capitalización. Quienes defienden esta pata del sistema, especialmente desde dentro del gobierno, deben ser mucho más contundentes. Cualquier ajuste que aumente el rol del Estado en ese pilar, por menor que se lo presente, se interpretará dentro y fuera de fronteras a la luz de esas amenazas.
Lo que haya valioso en el Diálogo Social merece, naturalmente, atención. Algunas propuestas en materia de infancia, paternidad y maternidad ameritan ser tomadas en serio; el camino es buscar el financiamiento bajando otros gastos, no agregando capítulos a una agenda de gasto creciente. Pero justamente, para poder tomarse en serio esos planteos hay que tener el valor de simplemente tirar a la basura las locuras en materia de edad jubilatoria y toqueteo de AFAP. Estamos a tiempo.