Eslóganes de ChatGPT

En comunicación política, el eslogan de campaña suele ser una síntesis atractiva de la propuesta del candidato. Hubo frases memorables como “el cambio en paz”, que llevó a Sanguinetti a la presidencia en 1984. O el de “Batlle le canta la justa” que el publicista Josema Reyes sembró en la elección de 1994 para recoger el triunfo de 1999. El FA presentó un histórico “Cambiemos” con el que ganó en 2004, y el estratégico “Un gobierno honrado. Un país de primera” que formulara Pancho Vernazza para Mujica en 2009. Varios eslóganes de la próxima departamental, en comparación con estos honrosos antecedentes, se pasan de generalistas.

Algunos, como los “Montevideo primero” de Schelotto, “Ver otra Montevideo” de Piñeiro y “Un nuevo Montevideo” de Bergara, me suenan tan elementales que parecen surgir de ChatGPT. ¿Puede prometer “un nuevo Montevideo” justamente el candidato oficialista con más chances, quien debería proclamar la continuidad de una gestión que lleva 35 años? El juego de palabras con su nombre de pila, ¿justifica que una candidata proponga “ver otra” ciudad, distinta a la que su partido gobernó durante tan largo período? Y lo de Schelotto es lo más críptico: ¿qué quiere decir “Montevideo primero”? ¿Significa que debe priorizarse a este departamento sobre el interior? Llama la atención además que la única candidata mujer sea la que feminice (correctamente) a la capital, mientras que los candidatos varones hablen de “nuevo” o “primero”, como si la ciudad no debiera adjetivarse en femenino.

Entre los aspirantes a la intendencia por la Coalición Republicana, la elaboración de los eslóganes da cuenta de una mayor dedicación estratégica. Vicky Cáceres habla de que “Montevideo se renueva contigo”. Roque García, por su parte, dice que “Recuperar Montevideo se puede”. Hay ingenio en el primer verbo elegido, porque invita a un doble sentido: la reactivación de una ciudad deteriorada y, al mismo tiempo, su reapropiación por parte del bloque republicano.

Pero sin duda el mejor eslogan, desde el punto de vista publicitario, es el de Martín Lema: “Ya está”.

Se trata del principal candidato desafiante y, en esas únicas dos palabras, sintetiza una sensación de hartazgo de muchos vecinos. En comunicación hablamos del valor del insight: los mensajes no deben meramente destacar los atributos de un producto, sino en qué medida este responde a necesidades y sentimientos del consumidor. Llevado al marketing político, no serviría tanto a Lema formular un eslogan sobre limpieza o movilidad, como poner en palabras el impacto que un mal gobierno produce en los ciudadanos. “Ya está” es una síntesis muy coloquial, como “ya fue”, de esa urgencia por dar por finalizada una etapa y comenzar otra totalmente diferente. Continuidad o cambio son los ejes básicos, pero la buena comunicación los enriquece, apelando a valores afectivos asociados.

Tengo la sensación, además, de que los resultados halagüeños de las encuestas para la oposición, permitirían dar algunos pasos más adelante: posicionar a Cáceres como un posible puente de captación de votos FA desencantados, y generar un mensaje racional que invite a los montevideanos a mantener un equilibrio entre gestiones nacional y departamental de distinto signo. La institucionalización de una sana competencia que redunde en beneficio de la gente.

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