El postre del Conrad

Juan Martín Posadas

Todos recordamos el fastuoso banquete en el Conrad en el que Mujica habló para empresarios y magnates, extranjeros y nativos. Había que pagar un ticket elevado pero hubo avalanchas en la boletería. Muchos no pudieron entrar pero pagaron igual por quedarse afuera.

Mujica hizo un discurso memorable. Memorable y sorprendente. Descolocó a su entorno y a la selecta concurrencia la sorprendió gratamente; la entusiasmó. Trazó lo que podría llamarse un panorama-promesa que invitaba a invertir asegurando condiciones favorables a empresas y a empresarios. Vénganse a este país amigable, les dijo, donde se puede trabajar en paz, donde se respeta el derecho, donde la economía es abierta y el gobierno estable y sus políticas predecibles y ecuánimes.

Los comensales del Conrad salieron encantados, alabando el discurso y chochos con la actitud del nuevo Presidente. Fuera de toda suspicacia, el discurso fue verdaderamente bueno. Bueno para el gobierno que se instalaba y bueno para el país. Pero con tanta algarabía y abrazo va abrazo viene nadie se percató que había faltado el postre.

El postre del banquete del Conrad se está sirviendo estos días con las medidas fiscales e impositivas que, de golpe y por sorpresa, ha tirado al ruedo el equipo económico. El secreto bancario se minimizó, los que el día del banquete no tributaban ahora tributarán, los que pidan dinero prestado para un emprendimiento tendrán sus nombres incluidos en una lista de deudores en internet, etc.

Los autores de estas medidas -gente poco experta, por lo que se ve, y con rudimentaria noción de las reacciones humanas- dieron a conocer primero una versión sietemesina, sin acabar y confusa de los proyectos. Al no saberse exactamente su alcance y contenido textual (ya han tenido que modificar algunos puntos) las reacciones de los asistentes al Conrad, de los que pagaron para quedarse afuera y muchos otros, se potenciaron febrilmente.

Las inversiones son aplicaciones de dinero y el dinero, co-mo lo sabe la gente con experiencia, es asustadizo al extremo: es chúcaro. Las reacciones no corresponden a la letra de las medidas (o a lo que lleguen a ser cuando concluya el trámite parlamentario) sino a la desconfianza que ha despertado la cabeza del equipo económico. El postre servido estos días arruinó los efectos del discurso del banquete del Conrad.

Para completar el panorama de torpezas y malmanejo el anuncio en seco de estas medidas se hace justo en un momento complicado tanto para el gobierno como para los empresarios: está en curso (hace un mes, por lo menos) una huelga salvaje en Conaprole.

En consecuencia, se vive una instancia en la que las promesas se han puesto a prueba. ¿Cómo ha defendido el gobierno el respeto por el estado de derecho (por contraposición a la fuerza y la imposición)? ¿Qué discurso ha tenido el gobierno hacia los empresarios en cuanto a defender su derecho a prescindir de un trabajador que no le sirve a la empresa? ¿En qué se convierte una invitación a venir al país a levantar una empresa y encarar una actividad económica cuando el gobierno titubea y su bancada de legisladores mira para el costado en los momentos de definiciones?

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