En el país donde todo va bien, la discusión esta semana estuvo marcada por dos temas vitales. El proyecto de Carolina Cosse para reformar el entorno del Palacio Legislativo, una especie de jubileo imperial atrasado, porque el edificio se inauguró en 1925. Y la visita del presidente Orsi a un buque de guerra estadounidense, que generó erupciones cutáneas a buena parte de quienes hacía pocos días habían aplaudido con él cada mención a la palabra “imperialismo” en el acto del 1 de Mayo.
Por lo general intentamos ser “empáticos” con Orsi, a quien sabemos alguien de buenas intenciones. Pero uno se pregunta si sería realmente necesario que el presidente de la República se disfrazara de Top Gun para sacarse “selfis” con deditos para arriba en un buque militar de un país ajeno.
Ahora bien, al escuchar a tanto dirigente del FA reivindicando su antiimperialismo, nos vino a la cabeza otra cosa. Porque esta semana nos escribió una amiga periodista brasileña a pedirnos contactos para una nota sobre eutanasia. Entre esto y aquello, amparada en el sentido común hegemónico en el oficio, nos decía “que horrible todo esto de Trump, de Milei.. lo único que nos falta es que gane Bolsonaro en Brasil”.
Como somos gentiles (aunque alguno no lo crea), no dijimos nada. Pero la realidad es que pocas cosas serían peores para América Latina que un cuarto gobierno de Lula. Aclaremos, para América Latina, porque la política interna de Brasil, es de los brasileños, Pero si nos ponemos a analizar, no debe haber habido una figura más negativa para el continente en las últimas décadas que Lula da Silva.
Ya nos imaginamos la reacción. ¿Cómo dice eso, este facho insensible? El modesto tornero que llegó al gobierno en el país más desigual del continente, dirán algunos. ¿Cómo va a ser más negativo Lula que Chávez?, dirán otros.
Esta última es brava, sí. Chávez gobernó como un monarca absoluto en Venezuela por 15 años, disfrutó de los mejores precios del petróleo en décadas, y sin embargo dejó el país sumido en la peor pobreza, arruinó toda su institucionalidad, y obligó a emigrar a 8 millones de personas.
Lo de Lula no fue tan chocante, pero en el largo plazo su impacto ha sido casi tan malo. Con un agravante, ¿hubiera durado tanto el proceso chavista si Brasil no hubiera sido una especie de amparo ideológico de traje y corbata?
Veamos... Lula llega al poder en 2003, tras varios intentos fallidos. Lo hace, según todos los análisis, gracias a una especie de pacto con una elite empresarial: él va a impulsar un mayor peso de Brasil en la región, que implicará en los hechos enormes posibilidades económicas para ciertas empresas brasileñas. Y ellos a cambio no sólo aceptarían a Lula presidente, sino que apoyarían sus campañas.
Esto generó el caso de corrupción más grande que haya habido en un continente donde ya el estándar de corrupción era alto. Por dar números, sólo por Odebrecht y “Lava Jato” fueron imputados en América Latina 8 presidentes, varios vices, y decenas de figuras de primer nivel. La mayoría en Perú, Brasil y Panamá, pero hubo casos en casi todos los países. Es verdad que el propio Lula fue liberado, pero porque un ministro de la Suprema Corte dijo que un testimonio clave que lo implicaba directamente no era válido. Ese mismo juez, hoy está en capilla por corrupción.
Si hay un caso paradigmático de lo que fue esta era, es el del puerto de Mariel en Cuba, donde los salarios de sufridos médicos cubanos fueron el “colateral” de un préstamo millonario del Banco de Desarrollo de Brasil, para una obra fastuosa construida por (¡oh, sorpresa!) la empresa Odebrecht. Iba a ser el “Singapur del Caribe”, pero hoy es un páramo con mínimo trabajo.
Pero hay algo casi peor que la corrupción, y es el lucro cesante. Gracias a Lula, nos perdimos el ALCA, que hubiera sido una chance única de tener libre comercio a nivel de todo el continente. Y, un poco por ideología y otro poco por el compromiso con esa misma elite empresarial de Brasil, sus gobiernos hicieron lo posible por frenar toda apertura comercial en la región. Eso nos lo contó personalmente Alan García en Lima hace años, que algo sabía del tema ¿Cuánto nos ha costado eso a los latinoamericanos en 20 años?
A esto hay que sumar la injerencia directa, de lo cual los uruguayos podemos dar fe. Está aquello del TLC con EE.UU. en tiempos de Tabaré, o la complicidad con Kirchner cuando las papeleras. En la última elección, aterrizaron a último momento dos asesores de Lula a ayudar en la campaña del FA, los mismos que apoyaron a Massa en Argentina, y a Luisa González en Ecuador. ¿Qué hubieran dicho el 1 de Mayo si Trump hubiera mandado gente a la campaña a Delgado?
En la biblioteca paterna había un libro, “Proceso de subimperialismo brasileño”, de un canciller boliviano llamado Raúl Botelho Gosálvez, y que ya alertaba sobre todo esto en los 70. Parece que para muchos eso del imperialismo es malo, según de donde venga.