Cincuenta años de los asesinatos de Gutiérrez Ruiz y Michelini. Cuarenta años de la ley de caducidad. Veinte años del procesamiento de Juan María Bordaberry. Quince años de la ley votada en el Parlamento que derogó la ley de caducidad. Pero treinta años de la periódica y multitudinaria marcha del silencio de cada 20 de mayo, esa que expresa un objetivo imposible por causa de los pasos que hemos dado en todas estas décadas y del largo tiempo ya transcurrido.
En el libro “La amnistía en la tradición nacional” (1984) de Juan Pivel Devoto y Alcira Ranieri, se concluye que “en síntesis, la amnistía ha sido la solución tradicional en nuestro país. La frecuencia con que se ha empleado y la adhesión entusiasta con que se recibió en todas las ocasiones, prueban suficientemente que responde a una faceta de nuestra psicología nacional”. En 1985 se respetó esa tradición con la votación de la amnistía para los presos políticos. En 1989 el pueblo la ratificó cuando apoyó la vigencia de la ley de caducidad. Y en 2009, ya con Bordaberry preso, la volvió a ratificar, de manera de volver a dejar en claro que ese era el camino que debía seguirse para encarar el futuro.
En los debates del Senado cuando en diciembre de 1986 se votó la ley de caducidad, hubo una intervención muy lúcida, favorable a la ley, del colorado Cersósimo. Vale la pena citarla: “recordamos (…) un episodio en la vida de Alejandro, uno de los grandes guerreros de la historia (...). Iba el macedonio confiado a su conquista cuando al llegar a Gordium, ciudad del Asia Menor, los sacerdotes le mostraron el nudo. Se trataba del nudo gordiano. Había dicho el oráculo que quien lo desatara sería dueño del Asia. Alejandro miró el nudo y, al advertirlo complicado, para no perder tiempo lo cortó con su espada. No es, naturalmente, lo mismo que encontrar la punta. Ni es desatar el nudo según el procedimiento ortodoxo. Como nadie puede encontrarla; como hasta ahora no se ha traído la fórmula mágica que permita dirimir este problema y salir de él con esas características que señalamos, entonces nos decidimos por esta opción, por la que va a resolverse el partido; pues pensamos, como sin duda lo habría hecho Alejandro, que es mejor cortar el nudo para echar a andar por el camino que nos conduzca a destino, que detenernos, quizá por mucho tiempo, en la búsqueda de una solución perfecta, que nadie sabe cuál es y que no habrá de llegar aunque el oráculo diga que quien la encuentre será dueño, en el futuro, de la preferencia de la soberanía nacional”.
Ha sido la izquierda la que ha transformado la historia en una revancha permanente. Con ese afán ha violado la voluntad popular, mentido al narrar la Historia, torcido la justicia, y violentado las garantías individuales dando valor de prueba a cosas que no son tales. Su objetivo ha sido meter presos a viejos militares sí o sí: en algunos casos, porque fueron responsables de atrocidades; y en otros casos, a pesar de que no tuvieran vínculo probado con las acusaciones.
Ayer fue la ley de caducidad, hoy es la de la seguridad social. ¿Mañana? Los partidos tradicionales, que fueron los que construyeron el país republicano y liberal que es el nuestro, deberán cortar este nudo gordiano. Como enseñó Pivel, explicó Cersósimo y ratificó el pueblo dos veces.