El músculo y el cerebro

Usted vio el acto del 1 de mayo? No, calma... Para tranquilidad de este peculiar nicho que últimamente nos “corre por derecha”, acusándonos de “ensobrados” entregados a la izquierda, no fuimos al evento. Pero por motivos laborales vimos algunos momentos del mismo, que nos llamaron poderosamente la atención.

Las caras enojadas, los puños crispados, los gritos desencajados para hablar ya sea sobre Maduro, de los empresarios explotadores o del demoníaco “lucro” de las AFAP. El alarido de un orador por “Palestina libre”, y una tibia respuesta de la audiencia, tal vez más pendiente de dar vuelta el mate, o de relojear el choripán.

Capítulo aparte es el rol de los políticos que van a esa plaza, casi como si fuera una romería. El presidente Orsi, de saco y regalando gestos. Jorge Díaz, con su perenne expresión de filósofo en reflexión. El “Pacha” Sánchez, luchando con una silla chica de más. Carolina Cosse derrochando simpatía, y Gabriel Oddone con el look más popular que pudo encontrar en su guardarropa (puede rendir más).

Pero lo que realmente choca, al menos para quien mira eso de lejos, es el tono de los discursos. Porque no es solo la furia. Es que se usa para decir cosas que no tienen sustento alguno.

Un ejemplo claro: una oradora dijo muy suelta de cuerpo que el plebiscito sobre seguridad social del 2024 “partió aguas”: “De un lado quedó la clase trabajadora y del otro el gran capital, las clases dominantes y sus mercenarios”. El problema que plantea este discurso tan sofisticado es que solo el 38% de los uruguayos acompañaron la postura del PIT. De 2.760.000 habilitados, apenas 976 mil quedaron de lado de las aguas de la gremialista vociferante. Si todo el resto son el gran capital y las clases dominantes es que vivimos en un país desarrollado y no nos dimos cuenta. Porque para pagar a tanto mercenario no alcanzarían las comisiones de 4.000 AFAP.

Bromas aparte, lo que llama la atención es que se pueda decir tanto disparate, con tanta suficiencia y agresividad. Y que haya tanta gente influyente que crea que tiene la necesidad de ir a escuchar esas cosas.

Pero no vaya a creer que es un tema sólo de la barra sindical, a quien siempre se puede justificar en la carencia de refinamiento intelectual. Con otro tono, buena parte de ese discurso se puede escuchar en figuras más pulidas.

La semana pasada, por ejemplo, tuvimos una especie de polémica virtual con Mauricio da Rosa, doctor en Economía formado en Francia, y que suele defender posturas ideológicas bastante similares a los señores del Pit-Cnt. Sin el exceso abdominal, y con otro don de gentes. En una entrevista con La Diaria, Mauricio sentenció que “en Uruguay hay pobreza porque hay desigualdad” y que “el problema central es distributivo”.

Y agregó que “la evidencia señala de forma abrumadora que los países más desiguales tienden a tener mayores niveles de pobreza”.

Mauricio es una persona encantadora (perdón por la no arrobada), pero lo que dice no es así. Uruguay es más igualitario que Estados Unidos, y sin embargo un “pobre” allá vive mejor que una clase media acá. La India tiene un Índice Gini de desigualdad 10 puntos “mejor” que Inglaterra. ¿Dónde cree usted que hay más pobreza? Y Burkina Faso es muchísimo más igualitario que Noruega. Está bien que según Reporteros Sin Fronteras ese país africano nos da una paliza en Libertad de Prensa (sólo mientras no gobernó el FA, eso sí), pero ¿alguien preferiría nacer pobre en Uagadugú que en Oslo?

Así como un dato de desigualdad no dice nada para entender cómo es una sociedad, y es apenas una justificación ideológica para canalizar políticamente el resentimiento atávico que todos llevamos dentro, lo que más choca de esta mirada ideológica que atraviesa a los capitostes del Pit y a académicos como Mauricio, es que sus recetas tampoco funcionan para atacar la pobreza.

Lo que ellos plantean es que el estado le saque a los “ricos”, y le dé a los pobres. Y sin ninguna contraprestación, no sea cosa que alguien crea que no tienen un derecho natural a ese “derrame” institucionalizado. Pero si uno mira los índices comprueba que los países con más libertad económica, o sea con menos injerencia del estado, menos impuestos, y mayor capacidad de la gente para manejar lo que gana como tiene ganas, hay menos pobreza. Singapur, Suiza, Nueva Zelanda, Irlanda, están en ese grupo. ¿Sabe quiénes están en la otra punta? Venezuela, Zimbabue, Corea del Norte.

Uno se pregunta, ¿a qué país se parece más el modelo que gritan desde la tribuna del 1 de mayo? ¿A Suiza o a Venezuela? ¿Dónde prefiere usted vivir? Lo insólito no es que Marcelo Abdala o “Joselo” López defiendan y digan esas cosas. A fin de cuenta, su relevancia en la sociedad depende de su rol como líderes del músculo sindical.

Pero gente como Oddone, como Cosse, como el “Pacha”, que han viajado, que han leído... ¿qué justificación tienen?

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