El mundo virtual

El verano es tiempo de vacaciones, de menos tareas, de distensión: es un tiempo más propicio para leer y filosofar. Quien escribe y publica debe tener todo eso en cuenta. Un asunto sobre el cual vale la pena filosofar un poco -o por lo menos tener en cuenta- es que los límites entre la realidad física y la realidad virtual se han vuelto difusos (o confusos). Calculo que, en este punto, el lector empieza a fastidiarse y a sentirse tentado de dejar la lectura. Es así, estoy seguro, porque el lector tiene más de cincuenta años: menos de 45, ya nadie lee nada, ¡y menos los diarios de papel!

Para el joven no hay nada extraño en la desaparición de los límites entre la realidad física y la realidad virtual; él vive indistintamente en las dos. Hasta el siglo pasado la gente dedicaba parte de su tiempo a trabajar, hacerse un lugar en la sociedad, formar una familia y participar en organizaciones religiosas, culturales, deportivas o políticas, a las que entregaba su tiempo. Ahora la gente pasa la mayor parte de su tiempo, entrega su tiempo, los años de su vida, a la realidad virtual, la que tiene lugar en las pantallas de televisión y sobretodo en la pantalla del teléfono. Clay Shirky, en su libro “The Power of Organizing withouit Organisations” analiza cómo la gente común se organiza y se integra en acciones colectivas sin pasar por las estructuras tradicionales, usando las redes digitales.

El mundo virtual no es consumido por el ciudadano actual: es producido por él. Se acabó la sociedad vertical, la sociedad jerarquizada, donde unos sabían y otros aprendían. El saber ahora no es propiedad de nadie: basta con irlo a buscar. Eso afecta, entre otras cosas, a la autoridad: acatar lo que dice el que sabe más. Ahora no hay uno que sabe más porque el saber está al alcance de todos en el mundo virtual.

Los ciudadanos se desentienden de la política pero han politizado todo. Las formas de los políticos están desprestigiadas, su ceremonial y su oratoria no despiertan respeto: las personas pasan más tiempo navegando en las redes que escuchando los discursos del Parlamento. Algunos políticos (y periodistas-analistas políticos) quieren hablar de los problemas de la gente y usan cifras, hablan de inflación, niveles de salarios o costo de la vida. Es en vano: esos no son problemas de los que hable la gente cuando hablan entre sí. Dice Durán Barba: “Si Ud. cree que hay un problema que preocupa masivamente a la población y no se menciona en la red, Ud. está equivocado”.

Y agrega este especialista algo que transcribo sin terminar de creerlo del todo. Pero no puedo creerlo porque, por mi edad, soy habitante de un mundo que ya pasó. Dice: “La mayoría de nosotros tenemos cuentas en las redes (yo no tengo) en las que proyectamos un perfil que corregimos constantemente para tener aceptación en el efímero mundo on line. Tic Toc, YouTube, o X son el no-lugar donde sucede todo. Construir y crear contenido on line es la nueva forma de socializar, incluso de concebirse a sí mismo”. En mi tiempo la realidad física también tenía un componente no físico: el relato, el imaginario colectivo. Pero todo eso se desarrollaba, se tejía, en la realidad material, física: no en un mundo virtual que entonces simplemente no existía porque todavía no se habían inventado los soportes técnicos que lo hicieran posible. Pero, en cuanto a lectura de verano, esto ya se pasó de punto.

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