Esta semana ocurrió un hecho peculiar. Resulta que el presidente Orsi convocó a una serie de referentes en política exterior, casi todos identificados con la oposición, para analizar lo que está pasando en la región.
Allí estuvieron desde los ex cancilleres Enrique Iglesias y Sergio Abreu, pasando por el embajador Guillermo Valles, hasta una figura como Alberto Volonté. El gobierno le dio una trascendencia altísima al asunto. Concurrieron el propio Orsi, la viceministra Csukasi, y el asesor del presidente Alvaro Padrón. Salvo el canciller, todos los que mandan en el tema.
El resultado de este encuentro, claramente, fue más político que funcional. Sí, este grupo armará un documento sobre política exterior en clave nacional, que después será manejado con los partidos institucionalmente. Veremos.
Pero es desafiante especular con la intención de Orsi atrás de esto. Más aún al ver la reacción opositora. Algunos se enojaron, y dijeron que estas figuras venerables, no representan a los partidos, y que solo se busca disimular el desnorteo del gobierno en política exterior. No faltaron referencias a la edad de la mayoría de los participantes, lo cual hizo acordar al autor de estas líneas a cuando sus compañeros milenials en el gimnasio, le hacen bullying por decir “disc jockey” en vez de “DJ”. Eso sí, paso siguiente, ponen alguna neocumbia argentina deprimente, o monotonías con letras porno soft estilo Emilia o Bad Bunny.
Otros vieron en la movida de Orsi una magistral jugada de ajedrez político, que embretaría a la oposición, y desnudaría su pusilanimidad y falta de visión. Una muestra de sobrevaloración de la agudeza presidencial, que debe dejar sorprendido al propio Orsi.
La cosas parecen bastante más simples, a poco que uno salga del tóxico círculo rojo que analiza todo con cabeza conspirativa.
Orsi no tiene idea de política exterior, ni de geopolítica, ni nada de eso. Sólo así se justifica el canciller que nombró. Pero heredó de su mentor Mujica una política de alineamiento absoluto con Brasil. Además, esos asesores enviados por Lula a último momento de la pasada campaña, no son gratis.
Como agregado, Orsi debe lidiar con una estructura partidaria, donde domina una ideología paranoide, que mezcla un latinoamericanismo estilo Methol adaptado para niños, con un marxismo nostálgico y cepia. Sólo así se explica que se siga defendiendo a Maduro o se vaya a transmitir solidaridad a la embajadora cubana, por la muerte de unos soldados que sostenían a una caricatura de dictador bananero en Venezuela.
Lo más probable es que en algún lugar de su mentalidad de caudillo local despabilado, a Orsi le haya saltado la noción de que así va mal. Que no es inteligente poner todos los huevos en el mismo canasto, que el clima político de la región está cambiando rápidamente, y que el nuevo sheriff de la región no está jugando. Sumemos que con Brasil está todo bien, pero la historia se cansa de mostrar que si precisa algo, sus compromisos con un país como Uruguay se resuelven con un “infelizmente”, y a otra cosa.
Ahora bien, ¿con quién puede hoy Orsi sentarse a hablar de estos temas, y abrir el juego como para salir del brete de su propia gente? Que no es siquiera la mayoría de sus votantes, pero si la de sus dirigentes. Eso cuando la oposición institucional está en las cuchillas, y no le va a dar ni un vaso de agua, como muestra la reacción tras éste encuentro.
Así como en otras ocasiones Orsi ha usado al Congreso de Intendentes como ámbito de diálogo para salir del corset tanto de su propia gente, como del liderazgo nacional opositor, esto parece una apelación a un válvula de escape para un sistema que lo lleva en un camino sin salida.
La pregunta es si la oposición como tal, no debería darle un salvavidas más institucionalizado, si el presidente deja en claro que quiere zafar de esa faja ideologizada que le domina la interna.
Dicho esto, hay alguna señal que obliga a poner todo este análisis en cuestión, y a prender las luces naranjas. En las últimas horas se ha comentado mucho que el próximo viaje de Orsi a China implicaría la firma de varios convenios importantes, y hasta incluso la compra de unas lanchas como las que están a medio construir en Galicia.
El nivel de gravedad que implicaría una cosa así es difícil de magnificar. Si un presidente como Biden, hizo sentir suficiente presión al gobierno anterior como para no comprar lanchas chinas, ¿cómo creen que reaccionará Trump? ¿No vieron lo que pasó en Panamá? Más allá de que elevaría lo de Cardama de papelón legal, a sospecha de sobre bajo la mesa, nos pondría una diana en la cabeza para la Casa Blanca. No se crea por un minuto que lo de las visas fue un error inocente.
La semana pasada terminábamos esta nota diciendo que no hay que pararse frente a la tanqueta Trump, y que ojalá Orsi se diera cuenta a tiempo. ¡Va de nuevo!