En las vísperas de un nuevo Mundial, me parece oportuno recordar a Alfredo Testoni (1919/2003), el primer gran reportero gráfico que hubo en Uruguay y que capturó para la eternidad la hazaña de Maracaná.
Don Alfredo, a quien tuve el privilegio de conocer, con tan solo 16 años comenzó, en 1935, su carrera de fotógrafo en el diario La Mañana. Era el tiempo en que el foto reportaje surgía en el mundo de la mano y el talento del francés Henri Cartier Bresson. Hijo de inmigrantes italianos y vecino del barrio Sur, Testoni, ya ennoviado con Susana Di Lorenzo la mujer con la que luego formaría un hogar y compartiría el resto de su vida, tuvo su primer gran suceso profesional en diciembre de 1939. El hecho tiene características propias de una novela policial y se suscitó en aquellos días en que la Segunda Guerra desembarcó en nuestras costas y Montevideo estuvo en la mira de la prensa y del espionaje de las potencias. Del último movimiento de aquellos hechos, que Testoni registró con su cámara, queda una fotografía que puede verse en Internet y que muestra al Graf Spee consumiéndose por las llamas.
Fotógrafo y también artista plástico integrante del taller de Joaquín Torres García, Testoni fue el único fotógrafo uruguayo de un diario nacional que viajó a Brasil a cubrir el Mundial de 1950. Ningún otro medio de prensa envío a un reportero gráfico, lo que revela la poca importancia que los diarios y las revistas de la época le daban al torneo. Don Alfredo viajó enviado por El Debate. Cuando fue a retirar los pasajes y el dinero para el viaje, el tesorero pensó que era un jugador y le deseó “mucha suerte en los partidos”.
De Marcaná se ha contado todo y muchas veces. Pero en pocas ocasiones se ha leído o escuchado el testimonio de Testoni. Fundamentalmente de aquel partido que haría historia en el mundo y marcaría un antes y un después en la historia de Uruguay. Escuchar a Testoni contar lo que él vivió aquella 16 de julio en Maracaná era vivir con otros ojos lo que terminó convirtiéndose luego en una leyenda. Cabe recordar que Brasil se coronaba campeón con solo empatar. Don Alfredo sostenía que el primer impacto que tuvo y que lo erizó fue escuchar, luego de entonados los respectivos himnos nacionales, el grito de guerra que las casi cien mil almas que colmaban el estadio lanzaron, cuando el prefecto de Río de Janeiro, le preguntó a los jugadores que estaban dispuestos a dar por Brasil, la selección y el estadio todo bramó: tudu.
Contaba que luego del primer gol de Brasil, anotado al comenzar el segundo tiempo, el estadio explotó y la algarabía fue convirtiéndose en nerviosismo al ver que Uruguay no se entregaba. El clima cambió radicalmente cuando Juan Alberto Schiaffino, a los 66, apuntó el primer gol de Uruguay, y en el minuto 78 Alcides Ghiggia concretó la victoria. Testoni lo registró magistralmente para la eternidad.
“La tristeza que se apoderó de Maracaná era contagiosa”, me contó. Terminado el partido, el público demoró mucho tiempo en abandonar las tribunas, recordaba. Del estadio, Testoni se trasladó a un diario brasileño a despachar sus fotos. “Río era una ciudad muerta”. Al llegar a la redacción del periódico vio que la agencia UPI informaba que en el certamen de Miss Mundo celebrado por esas horas, la representante brasileña había obtenido el segundo puesto. Tratando de buscar conversación con un colega le comentó: “Felicitaciones, es un logro importante”. A lo que el periodista, igual de triste que todos los brasileros, le contestó: “Siempre segundos, siempre segundos”.