El desprecio a la autoridad

Creo que no había, hasta ahora, antecedentes de lo sucedido esta semana en la Escuela N.123 de Jardínes del Hipódromo. Una madre, acompañada de una patota de adolescentes ingresó a la institución y arremetió a golpes contra los maestros, alumnos y algunos padres. El caso fue la segunda parte de un hecho registrado el día anterior en el que dos alumnas se enfrentaron a golpes. La respuesta de Ademu , el gremio de los maestros, fue decretar un paro de 24hs en las escuelas de Montevideo.

Lo sucedido el miércoles, es la quinta agresión registrada una escuela de Montevideo en lo que va del año. No obstante, es la primera vez que se registra una invasión a una escuela y se desata una batalla campal.

Según informó El País, mientras los hechos se registraban en el interior del local, en la esquina dos individuos en moto armados, montaban guardia, y llegaron, incluso, a circular hasta la entrada del centro educativo.

Semanas atrás, aquí mismo, me refería a cuándo se había jodido el Uruguay. La conclusión fue que el proceso de decadencia comenzó cuando arruinaron la educación.

Es terrible y triste que hoy, además, esa enseñanza arruinada por los sindicatos que abrazan las peores banderas de la izquierda, sean víctimas de la violencia de sectores sociales que no reconocen la autoridad y no respetan lo que una escuela simboliza y representa.

La escuela fue y será el ámbito en que los niños no solo aprenden a leer y escribir, sino también el lugar donde socializan y se forman como personas útiles y ciudadanos.

Para mi generación y muchas que vinieron luego, los maestros eran la autoridad. Mujeres u hombres a los que se los respetaba y nunca se los cuestionaba. Ese respeto se lo ganaban ellos mismos, pero también en nuestras casas nos enseñaban a respetarlos. La palabra del maestro o la maestra era sagrada.

Todo esto puede sonar antediluviano, y tal vez lo sea a la luz de lo que sucede hoy en algunas escuelas.

La violencia que toma por asalto a las escuelas, es un reflejo de lo que acontece en el barrio. Es obvio. Pero también entendamos que lo que sucede en cualquier barrio de Montevideo, es el mayor fracaso de la escuela y de la enseñanza toda.

Soy de los que sostiene que la verdadera educación está en la casa y que se educa más con el ejemplo que con palabras. La escuela es el complemento imprescindible de lo que se aprende en el hogar, pero no es el hogar. Claro, que muchas veces, hablamos de niños que no tienen padres y, muy frecuentemente, carecen de un referente adulto.

La pobreza y la marginación tienen una causa fundamental y que pocos discuten: la falta de educación. Ningún gobierno, desde el retorno a la democracia, ha podido cortar ese círculo siniestro.

Desde hace décadas, la enseñanza en nuestro país, es un instrumento político de los sindicatos que son funcionales a los sectores más radicales del Frente Amplio.

Hoy muchos maestros son víctimas de una violencia condenable y repudiable. Cuando se analizan las causas de esta pérdida completa de valores, sería bueno que los que dentro de la enseñanza blanden banderas políticas y no las de la educación, hagan un mea culpa.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

premium

Te puede interesar