El despegue argentino

Es muy difícil entender el camino que está tomando la Argentina de Milei si leemos la realidad con los lentes del sentido común político delineado por la izquierda. Pero como estamos ya a un año del triunfo presidencial más importante desde el retorno de la democracia en 1983, y como lejos de haber caído en el caos Argentina ha hecho un esfuerzo formidable en este 2024 que le augura ir afirmándose sobre pilares sólidos para construir su edificio de desarrollo y prosperidad, importa mucho entender desde Uruguay qué está realmente pasando en el país vecino.

A Milei lo banca la gente. Llegó al poder diciendo la verdad: para salir adelante habría al menos un par de años de esfuerzos, lágrimas y sudor. Pero la luz del horizonte era la de una Argentina resplandeciente capaz de retomar con la promesa civilizatoria de Alberdi, y honrando aquel pasado pre- peronista que la hizo ser el país de la esperanza para tantos bisabuelos que allí decidieron inmigrar. Entretanto, la gran batalla por la que habría de ser juzgado el gobierno de Milei era el combate a la inflación. Y cumplió: la hiperinflación de enero de 2024 del entorno de 30% mensual, herencia del kirchnerismo, sigue bajando, y razonablemente llegará a ser de un dígito anualizada en algún momento de 2025.

A Milei lo bancan afuera. Cansados de tantas promesas incumplidas, los actores internacionales miraron de reojo a un presidente sin mayoría propia en el Congreso, y con ideas tan contrarias a la práctica argentina presupuestaria, financiera, económica y política de las últimas cuatro décadas. Pero en este año no hubo duda alguna de que el presidente cumplió con todo lo sustancial que dijo que haría en lo económico y financiero. Como consecuencia, el riesgo país sigue bajando, los inversores importantes empiezan a mirar con seriedad al destino argentino, y todo el mundo se toma en serio lo que puede estar siendo la apertura de un tiempo totalmente nuevo del papel de Argentina en la región y el mundo.

El triunfo de Trump en este sentido fue fundamental para Milei. Buenos Aires será socio estratégico de Washington, no solo en la región sino en Occidente: de nuevo, allí, el mandato de Alberdi (y de Saavedra Lamas) se ve cumplido, con la grandeza de una Argentina para la Humanidad de la que participa, como socia civilizatoria evidente, la Italia de Meloni. Lo que se viene es muy potente: mayores inversiones y apertura comercial bilateral con Estados Unidos, y sobre todo un avance de las políticas exteriores de las administraciones Trump y Milei que devolverá protagonismo a los Estados- nación, y que se opondrá al proceso globalista y antidemocrático que ha primado en los últimos lustros en Occidente.

Nuestro olfato político, educado por los olores zurdos hegemónicos de la región, tiene consigo un acto reflejo- memoria que hace poner cara de asco cuando se escucha hablar de Milei. Hay que salir de ese encierro que hiede a mentalidad resentida de comité de base, y darse cuenta de que estamos frente a los primeros pasos de un despegue de Argentina que se terminará de confirmar con las elecciones legislativas del año próximo. Si allí triunfa ampliamente el mileísmo, se abrirá un tiempo largo llamado a ser tan exitoso como el mejor de todos, que fue el de Alvear de hace un siglo.

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