Lo del agua es todo un tema, sin duda. Sabe mal, hay que salir a la pesca y la caza de bidones de agua mineral y cruzar los dedos para que esta pesadilla se termine. Parte de la pesadilla es el agua misma, la otra parte es la manija insistente, reiterada, deliberada que no arregla el tema pero provoca temor, pánico y hasta histeria.
Para colmo, los medios argentinos vieron que el tema era noticia (lo es) y eso multiplicó el drama. Parientes y amigos argentinos empezaron a llamar alarmados a sus conocidos en Montevideo, preocupados por lo que ocurría. El presidente Fernández llegó a decir que en Montevideo, se abría una canilla y no salía agua. Hubo que aclararle que salía, el problema es su gusto salado. Lo irónico es que en Buenos Aires se alarman, pero allá el agua de canilla tiene fuerte gusto a cloro.
¿Qué se puede decir de la crisis del agua, además de aguantarla? Hasta ahora no había sido mi intención abordar ese tema en la medida que era poco lo que se podía añadir. Sin embargo, no es tanto la crisis del agua lo que está pesando en el ánimo de la gente (y vaya que lo está), sino la manija en torno a ella. Eso indigna. Todo se reduce a buscar un culpable y para la oposición, hay uno solo: el gobierno. Día tras día surgen declaraciones histriónicas para marcar a ese culpable.
Tanto es así que los frentistas le saltaron a la yugular a Mujica cuando dijo que había responsabilidades compartidas y que una cuota parte correspondía al Frente que estuvo 15 años en el gobierno. “Tendríamos que haber arrancado antes”, dijo y añadió: “Se me van a enojar, pero nos dormimos todos. Compartamos la responsabilidad. Es mi manera de pensar”.
Y se enojaron no más. El presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira, respondió: “Yo no comparto lo que dijo Mujica”. Y por si no fue claro, enfatizó: “discrepo profundamente”. Para justificar tal discrepancia, agregó: “el problema es pensar que Mujica sea Dios”. Habrá entre los amigos de Pereira quienes vean a Mujica como Dios. Nadie más cree que lo sea, por cierto. Pero sí fue ministro y presidente de la República y por lo tanto, conocimiento sobre lo que no se hizo tiene.
Tampoco es que este gobierno se haya dormido. Poco antes de la crisis del agua, estaba preparando los pliegos para licitar el proyecto de Arazatí. Ese que el Frente cuestiona. No es una obra que resolverá ya el drama, pero cuando todavía no se preveía lo que está sucediendo, el gobierno pensaba en una solución de largo plazo.
Los montevideanos estamos viviendo algo sin antecedentes. La brutal sequía de 1989, no llegó a los extremos actuales. Esta es una situación que nunca conocimos. Problemas serios de agua hay en muchas ciudades y sus habitantes se arreglan como pueden. Ya mencioné el sabor a cloro del agua en Buenos Aires, algo que quien haya viajado o vivido allí conoce. En la ciudad de México se usa agua embotellada hasta para lavarse los dientes. No es la única ciudad donde esto pasa. En otras, el agua será potable pero es escasa, lo que restringe el riego, el lavado de ropa, la frecuencia y duración de las duchas. La gente esta habituada a ello y si no lo está, las elevadas tarifas se lo imponen. En la medida que la crisis local sea temporaria se puede decir que, en comparación, los montevideanos hemos sido afortunados.
La decisión tomada por el gobierno parece elemental: el agua se mezcla con la que entra al Santa Lucía desde el Río de La Plata, lo que la hace más salada. No se la desaliniza pero se la potabiliza como siempre y al menos permite que la gente se bañe, lave su ropa y use la cisterna. No es poco.
Se tomaron medidas para abastecer con mejor agua a hospitales y a los sectores más vulnerables.
Mientras tanto, lo único que hay es una embestida implacable del Frente. Lo de Fernando Pereira habla por sí solo, le salió al cruce a Mujica para que no le arruine el relato. La intendenta Cosse linda en lo deplorable; fue por un capricho suyo que no se hizo la represa de Casupá. Pero ella se mueve como si no tuviera nada que ver.
Su interpretación personal de un informe de la Facultad de Medicina, leído en medio de un llanto entrecortado, colmó la medida. El decano de la Facultad tuvo que aclarar. Es que su prestigio como académico y médico está por encima de cualquier burda maniobra histriónica. Se dijo que los cimientos, columnas y vigas de los edificios se derrumbarían si se usaba esta agua para el hormigón. También hubo que desmentir esa versión.
Malformaciones, edificios que se derrumban, daño al cabello, calefones que explotan. Todo sirve para armar un gran drama. La oposición montó un espectáculo para generar temor y hasta histeria. No da una mano ni facilita las cosas. Quiere encender la pradera. Bastante tienen los montevideanos con soportar esta crisis, como para que le den manija. El drama es que las Cosse y los Pereira una vez que empezaron, no saben cómo parar.