Este año se conmemoran dos aniversarios: los 250 años de la publicación de Una investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones de Adam Smith y de la independencia de Estados Unidos. También en 1776 se creó el Virreinato del Río de la Plata pero no parece haber mayor disposición para recordar esa efeméride siquiera en la comarca.
El cuarto de siglo del libro que dio nacimiento a la ciencia económica y la independencia norteamericana son episodios suficientemente relevantes por sí mismos, pero además están íntimamente conectados. Los autores de la Ilustración escocesa, de los que Smith es un ejemplo notable, influyeron decididamente en los padres fundadores de los Estados Unidos. El país de George Washington es un claro ejemplo de los efectos virtuosos del orden espontáneo descubierto por el padre de la economía.
La riqueza de las naciones vino a derrotar al mercantilismo, que ya estaba debilitado, pero todavía era la política comercial imperante a fines del siglo XVIII. La obra de Smith no sólo creó una nueva ciencia -algo admitido con una unanimidad impropia entre economistas-, sino que le legó bases muy sólidas sobre las que desarrollarse.
La independencia de Estados Unidos, amén de las circunstancias detonantes que la provocaron entre las que cabe destacar las torpezas del rey George III y del primer ministro Lord Noth, dio paso un experimento extraordinario. En un tiempo inusitadamente rápido ese país con una cultura e instituciones que fomentaban el crecimiento en base al ahorro, el esfuerzo y la innovación comenzó a destacarse en el orbe, superando a su debido tiempo a su madre patria.
El nuevo mundo supo combinar el pensamiento ilustrado con instituciones que asentaban la propiedad como valor fundamental sin los resabios corporativos que pesaban sobre Europa. Por eso los Estados Unidos lograron ser la tierra de Thomas Jefferson, Abraham Lincoln o Ronald Reagan, la de Thomas Alva Edison, Henry Ford y Steve Jobs y la Mark Twain.
Aún en este mundo extraño en que vivimos Estados Unidos sigue siendo la principal potencia mundial y la principal fuente del conocimiento científico y prosperidad global. En ningún otro país las ideas de Adam Smith se aplicaron tan intensa y deliberadamente y eso explica en buena medida su éxito, al menos hasta al presente.
En que medida la vuelta atrás a los principios de Smith que hicieron verdaderamente grande a los Estados Unidos están siendo revertidos es algo que sólo podemos apreciar dentro de algunos años. El reciente discurso de Marco Rubio en la cumbre sobre seguridad de Munich abre una cuota de esperanza respecto a que los valores de Occidente, la alianza Atlántica y una versión de mayor amplitud de miras no han desaparecido en Washington D.C.
Adam Smith tuvo grandes esperanzas en el futuro de la nación que vio nacer hacia el final de su vida y los norteamericanos no lo decepcionaron. Como escribió Paul Johnson “La creación de los Estados Unidos es la mayor aventura de la humanidad”. Que lo siga siendo en el próximo cuarto de milenio dependerá de las decisiones que tome esa sociedad prodigiosa que como comentó Winston Churchill “Siempre puedes contar con que los estadounidenses harán lo correcto, después de haber intentado todo lo demás.”