En 2013 Guillermo García Costa y Rodolfo González Rissotto publicaron el libro “El fin de la inocencia”. Trataba del problema del modo de adjudicación de bancas que no estaba respetando la voluntad popular ni la representación proporcional, ya que en octubre de 2009 con menos de la mitad de los votos válidos el Frente Amplio (FA) había logrado más de la mitad del total de Diputados (50) y el 53% de los Senadores (16).
El problema se repitió en 2014, y se agravó en 2024: con el 46% de los votos válidos, el FA obtuvo ese año el 48,5% en Diputados (48 bancas) y el 53% del Senado (16 lugares). Sabido es que los resultados de la primera vuelta condicionan el del balotaje: para noviembre de 2024, el único que podía mostrar gobernabilidad propia en Senadores y mayoría posible en Diputados, era Orsi. Terminó ganando por más de 93.000 votos, cuando el FA había obtenido unos 90.000 votos menos que la suma aritmética de los apoyos de octubre a los partidos que habían formado parte del oficialismo entre 2020 y 2024.
A este problema electoral nacional relevante para los partidos que no conforman el FA, se suma el asunto de las ecuaciones departamentales. Dos derrotas costaron a blancos y colorados en Salto darse cuenta de que había que concurrir a elecciones bajo un mismo lema; dos derrotas también, en 2015 y 2025, a los blancos de Río Negro (y tendrán que armar algo para 2030); y crecimientos electorales extendidos del FA en Florida, Durazno, Soriano, Lavalleja (con triunfo en 2025) y San José, son los que parecen mostrar a los blancos más espabilados que el horizonte evidente en esos lugares es la Coalición Republicana (CR).
Recuerdo bien la desazón política de Rodolfo cuando, hace más de una década ya, hablábamos de estos temas. Hoy, da mucha pena que el partido de las liturgias saravistas y la reivindicación de la pureza del sufragio haga al menos 16 años que no logra enfrentar estos asuntos con capacidad y resolución. ¿Vamos a repetir en 2029 un escenario electoral parecido al de 2024, con un FA en el eje del 44% de votos válidos, por ejemplo, y obteniendo 15 senadores? ¿Ni siquiera esta aritmética de justicia electoral elemental es capaz de hacer entender la conveniencia de una comparecencia bajo un mismo lema de blancos, colorados y partidos afines a la CR, que es la que permite mejorar la representación parlamentaria de cada uno de ellos?
El asunto es tan evidente que el operador Bottinelli salió recientemente a tratar de envenenar el cálculo electoral de los colorados para intentar así convencerlos de que un lema común los perjudicaría y favorecería en bancas de diputados a los blancos. Son puras patrañas propias de un propagandista bolche: él, que es un hombre tan estudioso como izquierdista, en su intimidad, lo sabe muy bien. Todos los que estudiamos al detalle el tema sabemos que un lema coalicionista que sume a blancos, colorados, independientes y demás partidos afines a los valores republicanos, definitivamente impedirá al FA validar esa ecuación mágica de sacar 45% de los votos y obtener el 50% del Senado en octubre.
Hay que terminar con la desidia y el poco pienso blanco y colorado en este asunto. Todo muy lindo la gesta de Saravia y la democracia de Batlle. Pero, ahora, se precisa terminar con la inocencia.