Identidad Soberana (ID) fue el cuarto partido más votado en octubre de 2024: 65.796 votos, con un ascenso notable de su líder Gustavo Salle con respecto a 2019 cuando, en otro partido, había recibido 19.392. Su representación de dos diputados puede dar mayoría al Frente Amplio en esa Cámara, y es necesaria para que el resto de los partidos alcance allí la mayoría absoluta.
Quien tome por desequilibrado a Salle se equivoca. Ciertamente, su prédica se funda en viejas conspiraciones (la judeo-masónica es la más famosa) a las que agrega condimentos recientes, como por ejemplo complots bien organizados por agencias internacionales que lograrían gobernar el mundo financiero, médico, demográfico y jurídico para dar ventajas a una pequeña élite de grandísimos afortunados. Pero entre tanto discurso extraño dicho con tanto convencimiento, también hay algunas verdades que casi nadie más señala, como, por ejemplo, que efectivamente hay una evolución hacia la primacía de ciertas prácticas consuetudinarias del derecho internacional que dañan las soberanías de los Estados, o que todo el sistema penal desde la reforma Díaz se ha ido transformando en un disparate que ya no ofrece más las garantías liberales propias de una democracia plena.
El asunto es avizorar si su perfil electoral alcanzó ya su mayor logro, o si en 2029 ID obtendrá dos senadores y siete diputados y con eso se transformará en un protagonista clave para el próximo gobierno. Para exorcizar el peligro Salle, es decir para que sus hoy dos diputados sean su techo electoral, es necesario que la parte más razonable de su agenda sea abordada y que la más delirante sea combatida. Porque lo de hacer como que no existe, evidentemente, no está dando buenos resultados.
Dentro de lo razonable, es claro que las injerencias de agencias internacionales en políticas tan diversas como la demográfica, la de protección social o la de género debieran de contar con algún sector de los partidos tradicionales, por ejemplo, que las combatiera, de manera de quitar protagonismo a Salle. Entre las ideas delirantes, la peor de todas es su antisemitismo y anti-sionismo desbocados, que comparte además con gran parte de la izquierda: de nuevo, se trata de una tarea para los partidos tradicionales.
Inteligente como es, Salle ha encontrado un filón verosímil para su discurso: aquello de que izquierda y derecha son lo mismo; son el sistema, la casta. Para votar distinto entonces hay que apoyarlo a él. Y cuando uno ve que el presupuesto en general fue votado por amplísima mayoría de los dos bloques; o que unos suben impuestos y los otros te agobian con las patentes y las multas; o que, al final de cuentas, hay como un acuerdo de agua tibia para repartirse el botín del Estado sin prisa y sin pausa, pues entonces alcanzará con que se asiente en 2029 cierta frustración de expectativas sociales o económicas para que Salle crezca electoralmente.
Le cuento un secreto: ese crecimiento convendrá sólo al Frente Amplio. Porque asegurándose, como siempre, la mayoría relativa en el Parlamento, con él obtendrá que blancos y colorados tengan menos representación en ambas Cámaras. En ese esquema, el que podrá mostrar una eficiente gobernabilidad parlamentaria será el FA: con ello su candidato se favorecerá para el balotaje.