Como si confiáramos

Mientras el mundo geopolítico está en crisis, hay otra conquista que está pasando sin que nos demos cuenta.

Remontémonos a fines de 2023. OpenIA, creadora de ChatGPT, despidió a Sam Altman su director ejecutivo, la personificación del futuro de la IA. No por mala gestión financiera, ni por un producto fallido, sino por mentir.

Acto seguido, tras la presión de los mercados, empleados y socios tecnológicos, Altman volvió sólo 5 días después y los despedidos fueron los del directorio. En el momento algunos hicieron un paralelismo con Steve Jobs. Con los años, fue saliendo a la luz información que debería preocuparnos. Porque más allá de un caso de liderazgo en una empresa cualquiera, se trata de uno de los artífices del desarrollo de la IA en el mundo.

Cuando OpenAI lanzó ChatGPT en noviembre de 2022 el directorio se enteró por Twitter. Su propio CEO se los había ocultado. Lo acusan, además, de no informar que deliberadamente fue desinvirtiendo en seguridad, al punto que la mayoría del equipo del área renunció porque veían las promesas de seguridad como una cortina de humo. Lo acusan de hacer inversiones personales que entran en conflicto de interés con la empresa. Y abundan las denuncias de abuso psicológico, de recurrir a un patrón de mentiras, de desprestigio de sus ejecutivos y de enfrentarlos entre sí, mientras que los silenciaba a través de coacción financiera. Por eso el directorio hizo lo que se supone que debía hacer: lo despidieron. Pero el boomerang fue terrible. Las estructuras que debían garantizar los controles de la empresa no funcionaron. Por eso, además de una crisis de liderazgo, es también una crisis de gobernanza.

Las luchas de poder son parte del juego en todos los grupos humanos. Pero en este caso debería de preocuparnos porque no es un producto cualquiera. Es una tecnología que está cambiando la sociedad y quien dirige este proceso tiene hoy en día más poder que cualquier presidente. Por eso los mecanismos de salvaguarda deberían ser aún mayores.

Por un lado, los de gobernanza. Estamos frente a un poder que todavía no tiene los mecanismos de control para semejante responsabilidad, liderada por un hombre al que parecería que ningún control interno ha logrado frenar. Ni su directorio, ni su cofundador, ni su propio equipo de seguridad.

Y por otro lado, los personales. Quien ocupa esa silla tiene que tener los mecanismos de autocontrol a la altura de la responsabilidad que maneja. Altman ha dicho que una de las claves de su éxito es “tener una confianza en sí mismo casi excesiva”, creer en uno mismo “casi hasta el punto del delirio”. Ya sea que manejes una start-up o que líderes la IA en el mundo, esto es un problema. Porque mientras una parte del cerebro tiene que generar confianza para poder avanzar, la otra se tiene que desvelar preguntándose sino podría estar equivocado. Esa necesaria cuota de humildad y cuestionamiento, indispensable para cualquier persona que tiene un gramo de responsabilidad. Y rodearse de un equipo que lo cuestione constructivamente y lo desafíe.

Mi abuelo solía decir “no trabajes con alguien en quien no confíes, pero actúa como si no confiaras”. Y en este caso no está ocurriendo ni lo uno, ni lo otro.

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