Castrismo sin garras

El régimen castrista se presentó hace muchos años como un tigre indomesticable y dispuesto a ser el rey de la selva jugando a la revolución dentro y fuera de casa. Nunca les fue suficiente a los hermanos Fidel y Raúl Castro imponer en Cuba su experimento comunista, con la antigua Unión Soviética como mentora y a cargo de subvencionar económicamente a su satélite en el Caribe. El hermano mayor de los Castro, insensato y megalómano, exportó su “épica” a otras partes de Latinoamérica con participación en guerrillas, complots y actos terroristas.

De Fidel sólo queda el polvo y su hermano menor hoy es un nonagenario que desde su retiro supervisa el ocaso de una dictadura tan arcaica como él. Al cabo de casi 70 años, ha llegado el momento de desmontar el desastre nacional, y no por voluntad propia, sino porque desde hace meses el asedio del gobierno del presidente Donald Trump toca a la puerta de la inmensa cárcel que es Cuba. Largos meses en los que las conversaciones entre Washington y La Habana han sido susurros al oído que ya nadie puede ignorar, ni negar, ni tapar.

El propio “Gobierno Revolucionario” se adelantó a comunicar que el director de la CIA, John Ratcliffe, se reunió en la capital cubana con el ministro del Interior y jefe del espionaje cubano, Lázaro Álvarez Casas. También estuvo presente Raúl Guillermo Castro Rodríguez, nieto de Raúl y pieza clave en unas negociaciones que posiblemente se han llevado a cabo antes, durante y después de la caída en Venezuela del gobernante Nicolás Maduro.

Ahora el clan de los Castro busca su propia balsa, con la posible imputación del ex presidente cubano por el derribo en el Estrecho de la Florida de las avionetas de la organización Hermanos al Rescate, una acción terrorista ejecutada por la Fuerza Aérea en 1996.

El “Gobierno Revolucionario” anuncia que le han asegurado a Ratcliffe que actualmente el régimen “no alberga, no apoya, no financia ni permite organizaciones terroristas o extremistas”. Es una aseveración con una verdad a medias y una mentira. Ciertamente, Cuba no puede permitirse apoyar ni financiar organizaciones terroristas como lo hizo hasta hace poco. El “Gobierno Revolucionario” también enfatiza la voluntad de “cooperación bilateral”, que incluye la aceptación de 100 millones de dólares en ayuda humanitaria que Washington le brinda a la desahuciada nación cubana. Y es en medio de estas conversaciones donde radica el quid de lo que los castristas, con Miguel Díaz-Canel haciendo del celador a la espera de órdenes para abrir el cerrojo, ponen sobre la mesa con el fin de que el inevitable desbordamiento sea menor, si es que a estas alturas eso es posible. ¿Hablamos de reformas profundas antes de un “cambio de régimen” que los lleve por la senda de un Vietnam comunista que mantiene las mejores relaciones con Washington? ¿Cuántos presos políticos acabarán por ser liberados?

Son muchas las piezas en el rompecabezas de una Guerra Fría que nunca se apagó en la separación de 90 millas entre la isla y las costas de Miami, el corazón del exilio cubano. Durante el encuentro en La Habana, al nieto de Raúl no se le escapó el más mínimo detalle. Ha sido bien entrenado. Pero, ¿cómo decirle a su abuelo que ya no tienen garras ni para arañar a su viejo adversario? Afuera, la oscuridad y el ruido de las cacerolas invaden la asfixiante noche habanera.

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