Cambios brutales

La caída de la natalidad anticipa cambios enormes en la fisonomía de la sociedad uruguaya en las próximas décadas. El sistema educativo es el primero en experimentarlo.

En apenas doce años, el sistema educativo obligatorio uruguayo va a perder 165.000 estudiantes, es decir, un 25% menos de estudiantes. Y la cosa sigue: las proyecciones que el INEEd publicó esta semana dicen que para 2070 vamos a tener menos de la mitad de los alumnos de hoy. La primaria, donde el golpe llega primero y más fuerte, va a perder unos 90.000 niños solo entre 2025 y 2032. Estamos “vaciando cientos de escuelas” en menos de una década.

El motor lo conocemos. En 1990 nacieron más de 56.000 niños, en 2015 fueron 49.000 y en 2025 no llegaron a 29.000 los nacimientos en nuestro país. Una caída del 40% en diez años. No es solo que nazcan pocos: es que el cambio fue brutal y rapidísimo.

Y acá quiero proponer algo. Se volvieron comunes los lamentos por la caída en los nacimientos. Más allá de cualquier valoración al respecto, lo cierto es que las políticas para revertir estas tendencias han sido un fracaso casi unánime en todo el mundo. Por lo tanto, lo responsable y maduro es enfocarnos en cómo nos adaptamos a esa forma tan distinta que tendrá la sociedad uruguaya en 20, 30 y 40 años. El Uruguay que viene va a ser, inevitablemente, un país con menos niños y más viejos. La discusión que sirve es cómo nos adaptamos.

Y adaptarnos tiene deberes urgentes en los dos extremos: un sistema previsional que dependa menos de una pirámide de base ancha, y que los pocos niños que nacen reciban el mejor capital humano posible. Si nacen menos de 30.000 por año, no nos podemos dar el lujo de desperdiciar el talento de ninguno. Cada chico sin buenos cuidados en la primera infancia, cada adolescente que no termina el liceo, es un costo que vamos a pagar durante décadas. Sería, literalmente, pegarnos un tiro en el pie.

Pero hay una buena noticia escondida acá, y es lo que se llama el bono demográfico. Una caída del 25% en la matrícula implica la posibilidad de aumentar mucho el gasto por alumno sin más presupuesto. El propio informe lo dice con todas las letras: grupos más chicos, más tiempo pedagógico, plata para edificios o cosas nuevas.

Ahora, el bono no cae parejo, y ahí empiezan las decisiones difíciles. Va a haber lugares donde haga falta más, no menos: en la primera infancia y en inicial todavía hay margen para sumar cobertura, sobre todo en los hogares de menos ingresos, que es donde se juega la desigualdad de verdad. Pero en primaria y media básica viene una caída enorme y previsible, porque los chicos ya nacieron y sabemos cuántos entran cada año hasta 2036. Y acá es dónde no será tan fácil para las autoridades de la educación. Los jerarcas tendrán que innovar, claro, pero también mirar dónde hay capacidad ociosa. Y habrá muchísimos lugares con recursos no bien aprovechados. No vale pedirle más recursos sin antes mirar para adentro y tocar algún interés creado.

Tenemos un bono demográfico enorme que nos da la oportunidad de invertir mucho más en cada niño. Pero para que se traduzca en mejores resultados habrá que discutir el fondo de los presupuestos, reasignar en serio y comprarse algún problema.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

premium

Te puede interesar