La vida de Edmund Burke coincide plenamente con el de la Ilustración, sin embargo, la idea de incluirlo como una de sus figuras ha sido por demás debatida. Algunos autores, como Alfred Cobban o Darrin McMahon, entre otros, lo han colocado “contra” su siglo y como un “enemigo” de la Ilustración. Otros lo han tildado de “reaccionario”, como Isaiah Berlin, que luego tuvo la grandeza de retractarse al conocerlo mejor. Esta discusión merece un análisis más detenido para lograr ubicarlo mejor en la historia de las ideas.
Un yerro habitual que lleva a colocar a Burke y a otros pensadores relevantes fuera del movimiento de la Ilustración es considerarlo un fenómeno esencialmente francés, racionalista y antirreligioso que dio un lugar preponderante a la razón dónde antes predominaban los dogmas desde las tinieblas. Por cierto que si se toma esta estrecha definición de la Ilustración Burke queda afuera, pero junto a él muchos autores esenciales como Newton, Bacon o Smith, sin ir más lejos.
Una definición más amplia debería admitir un fenómeno bastante más complejo y contradictorio, como señala Ernst Cassier: “La verdadera filosofía de la Ilustración no es simplemente la suma de lo que pensaron y enseñaron sus principales pensadores -Voltaire y Montesquieu, Hume o Condillac, D’Alembert o Diderot, Wolff o Lambert-. No puede presentarse como una simple síntesis de las opiniones de estos hombres; porque consiste menos en determinadas doctrinas individuales que en la forma y el modo de la actividad intelectual en general.”
Si además tomamos en cuenta el punto enfatizado por Ritchie Robertons en su reciente historia de la Ilustración respecto a que además de un movimiento intelectual fue “un cambio profundo en la sensibilidad, en el que las personas se volvieron más receptivas a los sentimientos de los demás y más preocupadas por lo que hoy llamamos valores humanos o humanitarios” ciertamente Burke comienza a encajar mejor. Después de todo, como comenta Frank O’ Gorman: “Edmund Burke detestaba la crueldad, la injusticia y la opresión, y toda su carrera manifestó una extraordinaria elevación del espíritu humano.”
El tema fundamental por el que Burke muchas veces es colocado fuera de la Ilustración es por su desconfianza en los abusos de la razón que fascinaban a los filósofos franceses, llevándola a terrenos en que su poder de destrucción le resultaban evidentes. “Burke ha sido presentado como un ‘filósofo de la sinrazón’ en una época de Ilustración, pero resulta más plausible sugerir que su propósito fue poner de manifiesto la irracionalidad de algunas de las exigencias que depositamos en la razón” aciertan Dwan e Isole.
En escritos tan tempranos como la Vindicación de la sociedad natural Burke ya argumentaba con extraordinaria elocuencia: “¿Qué sería del mundo si el cumplimiento de todos los deberes morales y los cimientos mismos de la sociedad dependieran de que sus razones fueran claras y demostrables para cada individuo?”
Como argumenta con contundencia Gertrude Himmelfarb en su libro comparativo entre las distintas Ilustraciones Burke es un claro exponente de la Ilustración. De un tipo de Ilustración más sensata, con una mayor comprensión de la naturaleza humana y del funcionamiento de las sociedades que la de los philosphes franceses.