Burke: persona y personaje

Para terminar el recorrido sobre la biografía y el contexto en que se desenvolvió la vida pública de Edmund Burke resulta necesario realizar algunas referencias a su personalidad.

La actuación pública de Burke tuvo un reconocimiento panegírico en su propio tiempo, como comenta David Bromwich: “Un hecho curioso acerca de la fama de Burke en su propia vida es cuán pronto llegó a ser visto como un gran hombre”. Samuel Jonhson expresó que era “el primer hombre dónde estuviera”, “un verdadero genio”. Coleridge señaló que “en los escritos de Burke pueden hallarse los gérmenes de casi todas las verdades políticas”. La Cámara de los Comunes propuso que fuera enterrado en la Abadía de Westminster, lo que no prosperó por la voluntad expresa del propio Burke, pero manifiesta nítidamente la consideración de sus contemporáneos.

Detrás de este personaje público existió un ser humano del que se conoce bastante menos, sobre el que vale la pena trazar algunas pinceladas. A su llegada a Londres atravesó una etapa de bohemia intelectual en torno a la calle Grub -dónde se concentraban las imprentas de folletos-, que convivió con sus estudios de derecho, que culmina con la publicación de sus primeros trabajos y su casamiento con Jane Nugent, un “love match” que “continuaría de esa forma por más de cuarenta años de matrimonio” como apunta su biógrafo Jesse Norman. De familia irlandesa y de religión católica, Jane fue la mujer indicada para formar un hogar que fuera un refugio de sus luchas políticas, la candidata con quien debatir sobre sus amplios intereses y la ayuda indispensable para intentar mantener con cierto orden sus siempre caóticas finanzas.

Tuvieron dos hijos, Richard y Christopher, nacidos al año siguiente del casamiento. Haberlos sobrevivido a ambos le provocó un gran dolor; Chistopher murió con cinco años y Richard en el momento en que Edmund se retiró del Parlamento y su hijo se aprestaba a tomar su lugar. Este postrero golpe ensombreció sus últimos años, lo que se puede notarse en el tono triste y melancólico de sus escritos tardíos.

Por su afición a la vida rural y la importancia social y política de ser propietario en Inglaterra (especialmente para un irlandés) compró una finca llamada Gregories de unas 250 hectáreas cerca de Beconsfield, Buckinghamshire. Su elevado costo financiado casi totalmente con préstamos y los vaivenes bursátiles de la Compañía de las Indias Orientales llevaron a Burke a vivir toda su vida con problemas financieros.

Tuvo también una vida social muy activa, destacándose su pertenencia al célebre Club fundado por Samuel Johnson e integrado, entre otros, por James Boswell, Edward Gibbon y Adam Smith. Disfrutaba sorprendiendo a su auditorio con juegos de palabras humorísticos, lo que no siempre era apreciado por sus contertulios.

La novelista Fanny Burney hizo una descripción de Burke puede darnos una idea de la persona: “Es alto, su figura es noble, su porte es imponente, su trato es elegante; su voz es clara, penetrante, sonora y poderosa; su lenguaje es copioso, variado y elocuente; sus modales son atractivos, su conversación es deliciosa. […] El señor Burke saltaba de un tema a otro con una rapidez tan grande como entretenida”.

En las próximas semanas comenzaremos a desmenuzar su portentoso pensamiento.

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