En 1965 sin credencial por entonces, me integré honorariamente a la secretaría de Alberto Heber Usher, último Presidente de la República nacionalista, dentro del sistema de Poder Ejecutivo colegiado.
Cuando vinieron las elecciones nacionales de 1966 las ilusiones románticas juveniles se transformaron y pasaron a ser ejercicio proletario de la pegatina.
Salíamos a pegar carteles partidarios y pintar paredes —en 18 de Julio, en Montevideo, por ejemplo— y atrás venían los colorados y los comunistas y nos pintaban y "pegatineaban" arriba. La cosa terminaba a las trompadas y —en ocasiones— a tiros. En este último caso personalmente buscaba un refugio seguro porque nunca he manejado armas y con lo único que he tirado es con escopeta de "chumbos" que a la sazón no tenía.
La barra nuestra debo reconocer era pesada.
La conducción la tenía mi tío Vicente Salaverri. Mi tío cuando Hitler invadió Francia se fue a la Legión Extranjera en Africa. Hizo la campaña del desierto contra Rommel. Ingresó en una tanqueta a Europa por Sicilia y llegó integrando las fuerzas aliadas con De Gaulle a París el día de la liberación. Vive y fue amigo íntimo de Alberto Heber Usher y su secretario personal en la Presidencia. Credenciales de combate tenía y las conserva. Los demás el "Cuzurro", el "Noso", el "Trucutú" y otros compañeros de aquellas jornadas están en mi corazón.
Las circunstancias de la vida han hecho que uno haya ingresado y salido del quehacer político. Mi generación —además— sobrellevó la bestial agresión del marxismo contra la patria y la república y la ruptura del orden institucional. Haber tratado, en mi caso en el Herrerismo, con Alberto y Mario Heber, con Etchegoyen, con Haedo, con Payssé Reyes, con Arraga, con Ortiz y muchos personajes más, es una experiencia que las generaciones más jóvenes de dirigentes políticos no la tienen, ni la tuvieron.
Ortega y Gasset decía que la patria es la tierra en la que descansan los muertos que queremos y que así es un sentimiento estático. Y, que, si la sentimos como la tierra de nuestros hijos es un proyecto a realizar, una invitación a las transformaciones y los cambios. Tengo dos hijos y una familia jugada al país. Mientras unos se pechan por entrar al Fondo Monetario y desde las alturas se impulsa la nada, y los cañones del imperio apuntan a Bagdad y circunvalan los pozos de petróleo, las ideas eternas de la nacionalidad, expresadas por los hombres de sus fuerzas históricas reviven en mi sentimiento más profundo.
Tenemos una tierra, incluidos ríos y océanos, formidable y un pueblo sano y educado. El año pasado se fueron 30.000 compatriotas a buscar suerte bajo otros cielos y otras banderas. La misión es reconstruir la tierra de promisión que tenemos, amenazada por lo que sería una tragedia gigantesca: un triunfo electoral del Frente marxista. El que se autovotó un aumento vergonzoso para sus legisladores, el que saquea con impuestos para su nomenklatura municipal a los contribuyentes capitalinos y que ha destruido Montevideo, ocultando la trasparencia de la gestión, con el manejo "a la cosa nostra" de la mayoría institucional que tiene en la Junta Departamental.
Por las ideas que nos han movido como nacionalistas en todas las jornadas, dejo hoy establecido que nos integramos con un grupo de amigos en todo el país a la movilización del Partido Nacional. Hablaremos formalmente con el gran Presidente de la República, que fue el Dr. Lacalle —hoy Presidente del Directorio partidario, el próximo 3 de abril y luego de Semana Santa, tendremos una audición radial diaria en CX 10, radio Continente a las 11 de la mañana. El movimiento se designará "Blancos de ley".