Batlle y Saravia

El Partido Colorado estuvo festejando en este mes de mayo los 170 años del nacimiento de José Batlle y Ordóñez. La singularidad de las fechas hace que el Partido Nacional disponga pronto de algo similar, cuando el 16 de agosto se cumplan 170 años del nacimiento de Aparicio Saravia.

Como bien examina José Rilla en su libro “La actualidad del pasado” (2008), los partidos políticos han definido sus identidades a través de las lecturas que hacen de la historia nacional. Batlle para los colorados y Saravia para los blancos son figuras que trascendieron sus tiempos, en parte justamente por la comprensión e interpretación que de ellos hicieron sus partidos durante décadas, en la dinámica de competencia y cooperación que los caracterizó a lo largo del siglo XX.

El problema está en que esa interpretación histórica se agotó para cada uno de los partidos tradicionales con los cambios políticos que trajo consigo el siglo XXI. Como luego de la dictadura ambos partidos quedaron radicalmente cortados del mundo intelectual y universitario, que fue tomado por la izquierda, se anquilosaron las formas de entender a Batlle y a Saravia. O, lo que es peor, Batlle y Saravia han sido interpretados por ciertos historiadores -Nahúm, Barrán y Caetano entre los más notorios, por ejemplo, pero no los únicos- cuyo objetivo intelectual ha consistido en potenciar la mirada de izquierda del país, y cuyo objetivo político ha sido favorecer al Frente Amplio (FA).

A partir de la reforma constitucional de 1997 y de los resultados de 1999, el sistema político quedó estructurado por dos polos, y los partidos tradicionales se quedaron sin matrices reinterpretativas de sus historias. En vez de narrarse sus numerosas y sustanciales colaboraciones que conformaron el mejor ADN del país a lo largo del siglo XX, los cernos de sus identidades se fijaron en un rancio batllismo anti-blanco y en un primitivo saravismo anti-batllista. Ambos talantes fueron delineados y azuzados por la cultura izquierdista que naturalmente ganó al recibir en su seno partidista los apoyos del pueblo blanco y del pueblo colorado: ese fue, por ejemplo, el discurso de Seregni en la fundación del FA.

Por todos estos antecedentes es que importa mucho que el secretario general del Partido Colorado y senador Ojeda haya dicho que si hoy Batlle y Ordóñez viviera sería sin duda alguna partidario de la Coalición Republicana. Se trata de una definición política que reinterpreta la historia, sobre bases además tan ciertas como no izquierdistas. Es que con el mayor protagonismo de la generación de “nativos coalicionistas”, al decir de Ojeda, se hará cada vez más necesaria una nueva comprensión del ideario de Batlle. Sin anteojos zurdos, ella podrá redescubrir allí, sin ninguna dificultad, la filosofía liberal y republicana que coincide con la de los blancos.

Tuya, Héctor: son los blancos ahora los que tienen que actualizar su pasado. Sobran referencias: la voluntad acuerdista de Saravia en 1897 y de Acevedo Díaz en 1903, el discurso de Lacalle Herrera en diciembre de 1986 sobre la ley de caducidad, Beltrán en la Constituyente de 1918 o Herrera en la reforma de 1951, por ejemplo. El desafío común, 170 años más tarde, es narrar la convicción compartida, liberal y republicana, de los de Batlle y los de Saravia.

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