Basta ya

Creo que se ha causado suficiente muerte, sufrimiento y miseria, como para puntualizar los objetivos tanto del agresor como de las víctimas. Para encarar el tema es útil recordar que la justicia no existe en la guerra, especialmente cuando se da entre uno grande y temido y otro más chico y vulnerable. Veamos: Ucrania se muestra decidida a luchar por su independencia. Rusia se quiere quedar, como mínimo, con Crimea y con el Este y Sur de Ucrania, ambas regiones que ya domina.

Ucrania quiere pertenecer a la OTAN. Sus miembros lo descartan mientras dure el conflicto y hasta que se cumplan ciertos requisitos no especificados. Más de uno de los importantes personajes que simpatizan y apoyan a la víctima están dispuestos a luchar hasta el último, “ucraniano”… Es humor negro, pero conviene mencionarlo para no perder perspectiva.

Rusia ha sentenciado que no aceptará que Ucrania se incorpore a la OTAN. Recordemos que la “operación militar especial” fue lanzada por Putin/Rusia supuestamente por eso y para liberar (lo que quede) de Ucrania del régimen nazi.

Varios países miembros de la OTAN, notablemente EE.UU., Reino Unido, Francia, Alemania, Polonia y algunos otros, suministran armas y municiones, pero éstas llegan con cierto retraso y algunas con estipulaciones de usarlas solo dentro de su territorio. Es decir, Rusia puede bombardear cualquier lugar de Ucrania y de hecho lo hace (apartamentos, shoppings, hospitales, colegios, centrales eléctricas, puentes, etc.) pero las fuerzas armadas de Ucrania no deben atacar a Rusia con las armas que reciben.

Existe presión, en parte autoimpuesta, de emprender una importante contraofensiva para derrotar a los rusos o hacerlos retroceder. Los avances logrados al momento no han llenado las expectativas. Es difícil hacerlo sin apoyo aéreo y con poca artillería (diez a uno) comparada con la rusa. Y para poner ciertas cosas en su contexto, cito un viejo proverbio: “En la guerra, Dios termina apoyando al ejército más poderoso.” Los rusos han cambiado de estrategia y en vez de atacar defienden lo conquistado, de esa forma reducen sus bajas y desgastan a los ucranianos que son menos. Estos parecen estar haciendo lo mismo.

Luego de la reciente cumbre (OTAN - NATO) en Vilna, vistos los resultados, Zelenski debe estar reevaluando la posición de su país y la suya propia. Es verdad que las guerras de independencia son crueles y que ganarse la libertad nunca fue tarea fácil. El pueblo de Ucrania ha demostrado su intención de ser libre. Infortunadamente no tiene los medios para prevalecer en todas sus aspiraciones. La diferencia de población ente ambos bandos es determinante (más de 3 a 1) y además Rusia posee una excelente industria bélica (armas y municiones) aparte de ser la primera potencia nuclear del mundo, temible y preocupante. La desigualdad entre uno y otro es patente.

EE.UU. y el resto de los países occidentales no le dan lo que Ucrania cree que necesita para prevalecer. Tampoco es lógico pensar que los países occidentales deban arriesgarse a generalizar la guerra.

Estados Unidos y algunos países de occidente han tratado de usar un “soft power” imponiendo sanciones al agresor, pero estas no han surtido el efecto buscado y a medida que pasa el tiempo su impacto disminuye. (Tengamos en cuenta que ningún país latinoamericano se ha plegado a ellas). Los rusos han sufrido inconvenientes variados, pero es un pueblo sufrido y su policía secreta es eficaz.

La breve insurrección de los mercenarios del grupo Wagner no ocurrió por estar en contra de la invasión de Ucrania. Todo lo contrario, su jefe, Prigozhin, exigía golpear con más fuerza a las tropas de Kiev. El episodio ha sido molesto para Putin, pero lo ha podido sortear y ahora Prigozhin ha reaparecido en San Petersburgo saludando a un líder africano donde ha operado desde hace mucho para Putin. Las preguntas que debemos hacernos: ¿Cómo paramos el horrible ladrido de los cañones? ¿Habremos vuelto a la Europa de siempre, donde los abuelos entierran a sus nietos e hijos?

Intentos de negociación hubo por parte de Macron, Erdogan, Xi, Guterres y el Papa (a través del cardenal Matteo Zuppi). Algunas iniciativas quizás sigan su curso pero por el momento, el esfuerzo no parece estar logrando ningún avance. Quizás algunos intentos fueron demasiado temprano y las expectativas de éxito para uno u otro eran más altas. Hoy se supone que debe haber más realismo en ambos bandos sobre adónde cada uno puede llegar. En especial después de la cumbre en Vilna. Las ilusiones de las dos partes deben haber menguado.

Pero la guerra sigue y un último hecho destacable es el daño infligido por Ucrania al puente sobre el mar negro que une el sureste de Rusia con Crimea así como la voladura de un depósito de municiones. La respuesta del Kremlin fue cancelar el acuerdo que permitía la salida de granos ucranianos al mercado mundial y el aumento del bombardeo a Odessa, el puerto que le queda. (Se estaba por exportar la cosecha de trigo y cebada al tiempo que Rusia ataca los silos y elevadores de granos). En dos meses la situación será mucho más crítica. ¿Qué hacer y dónde guardar la cosecha gruesa? Nuevamente asoma el peligro de una hambruna para los países más pobres.

Es tiempo que la ONU, sola o acompañada por China, India o Turquía, haga otro esfuerzo, el secretario general no puede seguir esquivando el bulto a pesar de que Rusia sea miembro permanente del Consejo de Seguridad. Debería volver a involucrarse, si no lo está, en la forma más dramática posible para lograr un cese el fuego. A fin de encarar este tipo de circunstancias, es que se crearon las Naciones Unidas.

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