Atrás en el tiempo

Es una sensación rara esto de terminar el año y sentir que uno, en lugar de envejecer, rejuveneció. Como que uno tiene un año menos. Y esto resulta de vivir en un país donde el gobierno, en lugar de tomar medidas que avanzan, se dedicó a desarmar todo lo hecho por el gobierno anterior.

Optó por retroceder en el tiempo. Ir para atrás.

No debería sorprender: durante la campaña electoral, el Frente Amplio no propuso nada y si a algunos les llama la atención la confusa forma de expresarse del presidente Yamandú Orsi, fue aún más confuso en aquella etapa. El Frente nada tenía pensado para cuando asumiera y al no hacer promesas, no tiene nada que cumplir y no debería decepcionar.

Con alguna notoria excepción, gobierna con un gabinete inocuo. Eso permite que personas con cargos claves operen a favor de sus propias agendas tal como lo hicieron antes, cuando cumplían otras funciones.

La lista de ideas descartadas sin nada para sustituirlas, es larga. Se abandonó la propuesta del tren-tram y desde entonces se presentaron otras, poco inspiradas, incluida la de soterrar el transporte público en 18 de julio. Exigen costos altos, ya empezaron a condicionarlas y como tantas otras, es difícil que las veamos en nuestro tiempo de vida.

Se quiso volver atrás con la reforma jubilatoria que extiende la edad de retiro a los 65 años. El Pit-Cnt impulsó un cambio en la Constitución que derogaba esa ley, pero perdió de modo irrefutable.

Sin embargo, pese al resultado adhirió al “Dialogo Social”, comisión rechazada por la oposición (¿para qué, si la reforma jubilatoria se mantiene firme?), desconfiada por los frentistas que creen que el resultado del plebiscito debe acatarse, pero conformada por sindicatos y otras organizaciones con un criterio corporativo. No es lo único que divide al gobierno.

Si bien este anuncia que no se aplicará el impuesto del 1% a los más ricos, otros actores no ceden con su idea.

Un día el gobierno dice que lo heredado por su antecesor en lo económico fue bueno, otro día dice lo contrario. Más que una crítica al legado, parece reflejar, al igual que en otros asuntos, una disputa interna.

Otro retroceso fue el de reponer regulaciones para las universidades privadas que habían sido eliminadas en el período pasado. Reponerlas, significó volver atrás en el tiempo, aunque con una realidad universitaria que nada tiene que ver con lo que ocurría hace una década.

La nueva directora de la Biblioteca Nacional la cerró porque al no saber que hacer con ella, pensó que mejor era esperar hasta que se le ocurriera algo.

Al tiempo la reabrió con un anodino plan pero que empieza por aceptar lo que directores anteriores entendieron: los rubros para la Biblioteca Nacional nunca serán suficientes y hay que manejarse con lo posible.

Otro retroceso es el de la política exterior. En un mundo de incertidumbre, este gobierno toma posturas polémicas respecto a Medio Oriente y sigue atado a Lula.

¿Por qué negarle a María Corina Machado su derecho a ganar el Nobel de la Paz? La cuestión es no contrariar a Maduro y eso lleva a preguntarse, ¿qué le debe Uruguay al chavismo? Algo que el común de los uruguayos no sabemos.

El anterior Ministerio de Educación y Cultura había dispuesto que, pruebas extras mediante, los docentes egresados pasarán a tener un grado universitario.

Este ministerio decidió discontinuarlo. Sus razones no son convincentes, pero aun cuando lo fueran, ¿lo sensato no hubiera sido mantener ese programa hasta contar con uno alternativo?

Más llamativo fue lo de frenar la compra de las dos lanchas oceánicas para la Armada. Todo a partir de una garantía (de las dos solicitadas) que no era tal.

El problema pareció perjudicar a la Coalición por hacer mal las cosas. Sin embargo, se tornó en una disputa interna del gobierno. Unos dicen que basta conseguir otra garantía y seguir adelante (eso sostuvo el ministro Oddone) y otros suben la apuesta para lograr que no se hagan las lanchas.

Al principio el tema estaba en una de las garantías e importaba encontrar una salida. Pero para seguir atizando el fuego, la otra parte empezó a decir que también los barcos se estaban haciendo mal.

Hay allí presiones internas al parecer manejadas por un jerarca. La información negativa siempre se origina en fuentes poco confiables que operan más que informan.

Quizás digan la verdad, pero es difícil creerles. Si bien el presidente y algunos ministros quieren bajar la pelota, también desde el gobierno están los que todos los días frenan las posiciones mediadoras porque están decididos a que el asunto reviente.

Por último, la maldición final. Como ocurre cada fin de año, y no importa quien sea el intendente, los contenedores de basura están desbordados y los camiones no pasan a vaciarlos.

El balance es el de un año fastidioso, donde no pasa mucha cosa, nada se explica y todo parece atascado. Lo sorprendente es que entre los molestos están los que votaron al actual gobierno que no engañó a nadie a estar por lo que dijo, o más bien no dijo, durante la campaña electoral.

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