Amores, rechazos y vecindades

HEBERT GATTO

Horas antes que viajara hacia Argentina una delegación de alto nivel para discutir in situ las trabas comerciales impuestas al comercio con Uruguay, el anuncio de los vecinos de resolver rápidamente el tema permitió suspender abruptamente el viaje y arrojó un manto de distensión sobre un asunto que suponía nuevas dificultades, en una relación para nada sencilla. Al mismo tiempo implicó un triunfo para nuestro Presidente, que pese al aumento de las críticas internas exigiendo firmeza y coherencia, mantuvo su tono de bajo perfil apelando porfiadamente a un diálogo entre hermanos, que al final brindó resultados.

El actual gobierno argentino, pese a la empatía entre ambos mandatarios, dista de ser un buen vecino. Los problemas son muchos y tienen larga historia. Después de cuatro años de mal trato, en que debimos aceptar el cierre arbitrario de una importante vía de comunicación, la agenda sigue con desacuerdos en varios frentes: recursos naturales, turismo, dragado de los ríos, energía, convenios fiscales, comportamiento internacional, tratados entre ambos, para solo mencionar los principales.

Los resultados de los monitoreos, donde queda claro que UPM no poluciona, siguen sin publicarse, aunque ya suman nueve y ello no se hace porque no agradan al gobierno vecino. Tampoco se dragan los canales en los ríos, con ingentes perjuicios al Uruguay, como si continuara vigente la vieja guerra de puertos. Al tiempo Argentina nos coacciona en la OCDE, para agilitar el tratado que reclama, sobre información tributaria. A ello agrega ahora trabas para exportarle. Cristina seguramente aprecia al Pepe, pero no extiende ese sentimiento al resto de los uruguayos. Por momentos el fantasmático virreinato parece volver a la vida, como si nunca hubiera concluido, aun cuando más en gestos y desconsideraciones, que en los hechos mismos. Lo que demuestra que no es adecuado mendigar cariño.

Con todo y con matices, estimo que asiste razón a nuestro Presidente. Podemos cerrar el paquete de diferencias, colocarlas inflexiblemente en el plano del derecho, donde solemos tener buenos argumentos y negociar con gesto adusto, haciendo valer la justicia en lugar de la hermandad de ambos pueblos. Es tan obvio que Argentina no cumple con el Mercosur, que a la larga, luego de reiterados fallos que hasta ahora nadie acata, quizás un día, ya convertidos en un país sin costas, alguien nos otorgue razón.

El otro procedimiento es más sinuoso, poco vistoso y por momentos demasiado concesivo. Como si solo apostáramos a minimizar los daños. Pero si nos remitimos a los hechos es el que ha brindado mejores resultados. El Dr. Tabaré Vázquez, de acuerdo a las características de su personalidad y a la coyuntura, se jugó a la dignidad herida y exigió justicia sin conceder simpatía. Fracasó en toda la línea excepto en el hecho de que supo sostener la dignidad del país. Aún así los resultados fueron pobres y el Uruguay, hecho insólito en la vida internacional, debió aceptar un bloqueo en tiempo de paz.

El actual mandatario, sin hipotecar ningún principio, concede y transa, espera y acuerda sin jamás romper el diálogo. Parece moverse con maestría en ese campo, donde negociar se ha convertido en su mejor atributo. Aceptemos que hasta ahora lo ha hecho con bastante éxito.

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