Agustín Iturralde
Agustín Iturralde

Mejor pedir perdón que pedir permiso

Me gustaría que Uruguay se integrara al mundo a través del Mercosur, un Mercosur valiente y real, en el que bienes, servicios, personas y factores circulen libremente por nuestros países.

Luego me encantaría que este mercado común liderara una gran zona de libre comercio sudamericana, la mentada convergencia con la Alianza del Pacífico. Imaginen empresas sudamericanas trabajando para un mercado continental mucho más eficiente y productivo. Luego me gustaría estrechar lazos comerciales con los grandes bloques globales occidentales: EEUU y la Unión Europea. Por último buscaría un acuerdo comercial con la que será en breve la principal economía del mundo, China.

El papel aguanta cualquier cosa, entre otras la fantasía del párrafo anterior que está completamente por fuera del menú de opciones de nuestro país. Nada de lo anterior es sobre lo que puede decidir un país pequeño como Uruguay. Los hechos son que el Mercosur sigue siendo una de las zonas más proteccionistas del mundo, que sigue habiendo barreras no arancelarias internas; y que no parece vaya a haber cambios sustantivos en el corto plazo. Por su parte tampoco está en la mesa un acuerdo con EEUU que se encuentra en su etapa más proteccionista en décadas y el TLC con Europa parece totalmente estancado.

¿Qué puede hacer Uruguay? ¿Seguir esperando a que los líderes globales tomen las decisiones que a nosotros nos gustaría que tomen? Lo razonable, lo que haría cualquier persona sensata es asumir las posiciones de los otros como un dato y actuar en consecuencia priorizando el interés nacional.

Ayer Uruguay tomó una decisión clave, no exenta de riesgos, pero que genera una ventana de oportunidades cerrada durante décadas. Luego de dos décadas en que el Mercosur se alimentó de retórica romántica y vacía sin poner un solo logro relevante en la mesa llegó el momento de liderar nuestra propia política comercial.

Esto no implica irse del Mercosur, una normativa tan laxa y perforada genera alternativas. El nunca haber internalizado la norma 32/00 será el gran argumento de Uruguay para sostener su libertad comercial. Algunos socios argumentarán que el tratado fundacional ya implicaba una política comercial común. Esto no es evidente que sea así, el tratado original dibuja una realidad completamente por fuera de lo que es hoy el bloque.

En la práctica el Mercosur no pasó de ser un buen TLC entre nuestros países. Tomando esa realidad, y ante la negativa de algunos socios, es que Uruguay decide avanzar en liderar su propia política comercial. Los riesgos son las represalias que nuestros socios mayores puedan tomar. A pesar de la caída Brasil sigue siendo el segundo mercado más importante. Si bien las reglas no son claras, esta misma turbiedad permite que impere la ley del más fuerte.

El Mercosur es hoy mucho menos importante para la vida de las personas y las empresas que hace 20 años. La decadencia fue acompañada de romanticismo vacío y prepotencia de los grandes. Uruguay tiene la obligación de buscar alternativas que le permitan una mejor inserción comercial que por su escala necesita como el agua. Debe ser muy hábil y evitar pisar todos los callos posibles, pero a veces es mejor pedir perdón que pedir permiso.

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