AFAP, diálogo y desgobierno

Estaba cantado que alguna barbaridad iba a salir.

Más adelante me referiré a las AFAP. Ahora quiero detenerme sobre fenómenos que son todavía más trascendentes que el estrangulamiento de las AFAP.

En primer lugar, en el invento del llamado “Diálogo Social” (que quizás sea “social”, pero democrático, no lo es).

¿Qué sentido puede tener que un gobierno, después de hacer meses de campaña electoral, en teoría (su teoría), escuchando a la gente y haciendo propuestas y después de meter todo lo que considera relevante en un plan de gobierno (incluyendo las famosas, no sé cuántas medidas de Colonia) y después de armar el Presupuesto Nacional quinquenal, que se supone enmarca su gestión, después de todo eso, lanza este tal “Diálogo Social”?

¿Por qué? ¿Será que después de tanto hablar y escribir se dieron cuenta que no sabían lo que el país realmente precisaba? ¿En casi 24 meses de campaña electoral no habían dialogado?

Dejo eso de lado por un momento para preguntar qué tipo de invento es este del “Diálogo Social”. ¿Qué puede imaginar una persona con un mínimo de sentido común cuando un gobierno invita a tutti quanti a manifestar qué es lo que quiere?

Es como el fenómeno de los Consejos de Salarios: si convocás a los sindicatos van a reclamar cosas, muchas cosas. Es lógico. Y si citás a cuanto grupo de interés que anda suelto, (sin constreñirlos a la realidad de recursos escasos), está cantado que el resultado será un bruto aquelarre. Como los presupuestos participativos.

Pero, en este caso del Diálogo Social, además del jolgorio generalizado de los buenistas, los igualitarios y los participativos, era obvio que iban a aprovechar la bolada los ultra progres del FAPIT para volver a la carga con su fobia a las AFAP. No pudieron eliminarlas por caminos democráticos, ahora van a intentar hacer realidad su sueño por otro camino. El Diálogo Social - era obvio - constituía la oportunidad ideal para herir de muerte a las odiadas Afaps. Las AFAP no se eliminan, dice el gobierno. No se eliminarán, pero sí que las estrangulan.

El invento del Diálogo Social, más allá de los desvaríos que propone, es una movida que apunta a erosionar la Democracia. Una parte de la izquierda siempre ha creído que la llamada democracia directa es superior a la representativa. Que vale más el resultado de un plebiscito que una norma sancionada por el Poder Legislativo (a pesar de que nuestra Constitución pone limitantes a los mecanismos de democracia directa). El Diálogo Social, más allá de las barbaridades que pergeña, provoca la deslegitimación del parlamento y del gobierno. Se cree superior a ambos.

Todo lo cual, lleva a poner el foco sobre nuestro gobierno: ¿cómo se le pudo ocurrir ceder a la idea de lanzar un mecanismo que lo debilita, lo cuestiona y, en definitiva,

erosiona su legitimidad? No pueden haber sido tan ingenuos como para creer que el tal Diálogo Social iba a fortalecer al gobierno.

Para terminar, voy al tema concreto de la propuesta para las AFAP.

Lo primero que salta a la vista es lo confuso de la propuesta. Confusión que las explicaciones de jerarcas del gobierno, no hacen más que profundizar. Hay, de su parte, una desesperación por afirmar que las AFAP no desaparecen, que en el fondo todo sigue igual. Entonces, uno se pregunta, ¿para qué se meten a hacer cambios si todo seguirá como antes?

Según el gobierno, los fundamentos, el ahorro y la inversión, no se tocan. Supongamos que eso, sea cierto: ¿para qué toquetear aspectos que se consideran adjetivos? ¿Alguien se quejó de la administración de las AFAP?

Según el Subsecretario de Economía, hay dos argumentos para lo que se propone: 1° - que, en realidad, la gente no se fija mucho en lo que hacen las AFAP y no ejerce el derecho a elegir y, 2° - que, del otro lado, no hay en la práctica, verdadera competencia entre las AFAP.

De lo cual, el jerarca concluye que bien se le puede quitar, por un lado, a los usuarios, su libertad de elegir y por otro, a las AFAP su libertad de competir. Pasando todo a manos del Estado (que, según el razonamiento, sí tendría las condiciones para ejercer correctamente los derechos de terceros).

El otro argumento manejado es que, sacándole a las AFAP la administración de los fondos y pasándoselos al Estado, aquellos, “se blindan” (sic) ¿Está diciendo el gobierno que hay un riesgo de solvencia en el régimen? Sería una afirmación gravísima.

Lo que se pretende es que el Estado tenga el manejo último de los fondos, cortando la relación entre la persona cotizante y quien le maneja su patrimonio. Cree el gobierno (y, ni qué hablar, el FAPIT) que la gente estará mucho más feliz sabiendo que su dinero está a mano del Estado.

Burda maniobra. Lo que se busca es darle al Estado el control último del sistema, coartando la libertad y el derecho de propiedad de los cotizantes y arrimando a las Afaps a la salida.

El Estado adquiere una enorme cuota de poder y el FAPIT consigue estropear el negocio de las AFAP, cambiando su estrategia: de la supresión a la asfixia.

Que es el único y verdadero argumento de todo este atropello.

Por el que no sólo pierden los cientos de miles de afiliados. También pierde el gobierno: credibilidad y autoridad.

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