Lucia Baldomir
Pese a los altos costos de producción, las dificultades para crecer y la competencia de marcas extranjeras, la industria de la vestimenta nacional encontró un nicho y comenzó a exportar parte de su producción.
El presidente de la Cámara Industrial de la Vestimenta (CIV), Elbio Fuscaldo, dijo que el negocio de la vestimenta "dejó de ser hace mucho tiempo de abrigo con producción en serie para pasar a ser de show business en donde el diferencial no lo hace el precio sino la moda y el diseño".
En este sentido, frente a la falta de grandes industrias textiles uruguayas surgieron los pequeños talleres que impulsaron el crecimiento de empresas como Victoria M Ortiz (Vicky) o Lolita, que apuntan al diseño con un ojo más comercial.
Vicky tiene cinco locales en Uruguay y franquicias en cuatro países de Latinoamérica. Lolita vende sus productos en 19 locales dentro de Uruguay además de en 16 países del mundo.
A ellas se le suman los diseñadores jóvenes que se abren camino con nuevas producciones que apuntan a públicos que buscan originalidad.
Todos los empresarios coinciden en que el desarrollo de la moda como concepto fue acompañado por un aumento del consumo en indumentaria.
"El negocio de producción de la industria de la vestimenta está en pleno desmantelamiento; sin embargo, a nivel comercial, el negocio se está fortaleciendo por un aumento del consumo", dijo a El País el director de Lolita, Michel Cohen.
Según la última encuesta mensual industrial, en marzo, las ventas de textiles, vestimenta y cuero aumentaron 16% por encima del promedio respecto de 2005, lo que consolida la tendencia creciente que viene registrando el sector desde diciembre pasado.
En el caso de la exportación -el otro gran negocio de la industria además de la venta minorista- desde enero a mayo se vendieron U$S 21,7 millones, en gran medida a Argentina quien compró tejidos planos. Esto representa una caída respecto a 2005 de 2%. Por el contrario, la importación tuvo un crecimiento del 30% alcanzando los U$S 24,3 millones, según datos de la CIV.
En total se estima que sólo en la fabricación de indumentaria trabajan unas 5.000 personas.
Un poco menos del 50% de la indumentaria que vende Lolita en el exterior es de origen nacional. Sin embargo, su director sostiene que Uruguay "ha perdido competitividad" como fabricante textil y que lo que se hace aquí "es por un tema de calidad". En estos casos están las fábricas -como la del empresario Daniel Soloducho- que exportan telas a renombrados diseñadores o marcas del mundo, y empresas como Medea que también lo hacen pero a través de la confección de grifas.
Según un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo sobre empresas textiles y de vestimenta uruguayas, éstas basaron sus negocios en un "estímulo fiscal o en una coyuntura cambiaria" favorable y no en la búsqueda de una mejora en la eficiencia. Por esto hoy enfrentan problemas de competitividad que deberían sanear mediante la diferenciación de sus productos.
Para Victoria Ortiz la clave del éxito en el sector de indumentaria es "tener criterio comercial y jamás perder de vista esto".
"Un creativo que pretende vivir de un público chico tiene grandes posibilidades de no durar muchos años. Hay que hacer un buen producto e incorporar la fase comercial para sobrevivir".
NUEVA CAMADA. La Madrileña o El Virrey son dos galerías ubicadas en el centro de Montevideo en donde se puede ver de cerca el trabajo de los nuevos diseñadores. Para ellos el negocio de la vestimenta es algo que algunos descubren y que la mayoría intenta alcanzar con trabajo de hormiga. Los costos es el mayor problema que enfrentan. En todos los casos señalan lo difícil que resulta acceder a un local, a armar una empresa, a cumplir con el pago de impuestos y a enfrentar los costos de las materias primas.
También dicen que el Estado no apoya a los jóvenes emprendedores. Sin embargo, con el tiempo todos se han formado su clientela que busca "ropa con diseño".
Adriana Canosa hizo de su nombre una marca. Desde hace cuatro años vende sus diseños y hoy se encuentra en plena etapa de definición de a dónde apuntar el negocio para crecer. "Empezar en Uruguay es muy complicado, un trabajo en solitario, pero es posible formar un negocio", dice.
Ella cree que el diferencial que se puede lograr dando los mismos productos pero con agregados de diseño es difícil de implantar. "En Uruguay hay una cultura de la moda pero no del diseño". De todas formas dice que ya cuenta con "una clientela" de uruguayos y el interés de turistas.
María Sarralde, que tiene dos locales con su nombre uno en la galería La Madrileña y otro en Pocitos, afirma que "el negocio existe; la clave está en adecuarse al público y buscar un equilibrio entre la ropa novedosa con diseño y lo comercial".
Recambio
Aparecen jóvenes diseñadores que apuntan hacia sectores y mercados nuevos