Por el contador Sebastián González, director ejecutivo de Auditoría en EY Uruguay
Cuando una empresa informa sus ganancias, no solo presenta números: construye un relato sobre su desempeño. El problema es que, durante años, compañías de un mismo sector han utilizado criterios distintos para presentar resultados y métricas que el mercado suele seguir de cerca. Eso podría comenzar a cambiar a partir del 1° de enero de 2027 con la entrada en vigor de la NIIF 18, la nueva Norma Internacional de Información Financiera que reemplaza a la NIC 1 y redefine la forma en que se presentan los estados financieros.
Aunque no modifica cómo se reconocen los ingresos o los costos, la norma introduce cambios significativos en la presentación del estado de resultados. El más visible es la obligatoriedad de mostrar un resultado operativo calculado bajo criterios estandarizados, y discriminados respecto a los resultados por inversión y los resultados por financiación. En la práctica, esto podría hacer que algunas empresas exhiban cifras diferentes a las que históricamente destacaban como principal indicador de desempeño.
Para inversores, analistas y acreedores, la promesa es clara: una mayor comparabilidad entre compañías. Para las organizaciones, sin embargo, el desafío es mayor. Ya no bastará con explicar cuánto ganó una empresa; también será necesario explicar por qué determinados ingresos o gastos se clasifican en una categoría y no en otra, y cómo impactan en el nuevo resultado operativo.
Otro de los aspectos más innovadores de la NIIF 18 es la incorporación de las denominadas Medidas de Desempeño Definidas por la Gerencia (MPM, por sus siglas en inglés). Se trata de indicadores que muchas empresas utilizan en sus presentaciones corporativas, comunicaciones al mercado o reuniones con inversores para explicar su desempeño. Bajo la nueva norma, estas medidas deberán revelarse formalmente en los estados financieros y conciliarse con los subtotales de los estados financieros más directamente comparables.
La exigencia apunta a responder una pregunta que durante años formuló el mercado: ¿cómo se relacionan esos indicadores “ajustados” que presentan las compañías con los resultados que surgen de los estados financieros? A partir de 2027, esa respuesta deberá estar claramente documentada.
En Uruguay, el impacto alcanzará a las empresas que reportan o presentan sus estados financieros estatutarios bajo NIIF completas. Muchas de ellas ya comenzaron a evaluar cambios en sistemas, reportes de gestión, procesos de cierre y controles internos. El desafío no es menor, especialmente porque los estados financieros comparativos también deberán adaptarse al nuevo modelo de presentación.
La cuenta regresiva ya comenzó. La experiencia muestra que los cambios contables de esta magnitud requieren tiempo, planificación y coordinación entre las áreas financieras, tecnológicas y de negocio. Porque la NIIF 18 no sólo cambia la forma de presentar las cifras; cambia, en buena medida, la manera en que las empresas explican su desempeño al mercado. Y en un mundo donde la confianza se construye con información clara y comparable, esa diferencia puede ser más importante de lo que parece.