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Fagoterapia: Uruguay avanza con una alternativa terapéutica frente a las bacterias resistentes a los antibióticos

Cuando los antibióticos dejan de funcionar, una terapia basada en virus que atacan bacterias comienza a ganar espacio. Uruguay ya cuenta con un marco regulatorio y una plataforma para aplicarla

El desarrollo de tratamientos personalizados requiere identificar y caracterizar en laboratorio las bacterias que afectan a cada paciente.
El desarrollo de tratamientos personalizados requiere identificar y caracterizar en laboratorio las bacterias que afectan a cada paciente.
Foto: Unsplash

Las infecciones resistentes a los antibióticos ya no son una amenaza lejana. En Uruguay, las bacterias que no responden a los tratamientos habituales pasaron de representar el 8,1% en 2020 a 14,5% en 2024, según el informe más reciente del Ministerio de Salud Pública (MSP). En paralelo, el país relanzó en 2025 su Plan de Acción Nacional contra la resistencia a los antimicrobianos, con metas hasta 2028.

Una de las alternativas que empieza a ganar espacio es la fagoterapia, un tratamiento que propone combatir las bacterias resistentes con sus propios enemigos naturales. Los bacteriófagos, o fagos, son virus que infectan bacterias y pueden destruirlas sin atacar las células humanas. La terapia consiste en identificar los fagos capaces de actuar contra la bacteria específica que afecta a cada paciente y, a partir de esa selección, administrarlos solos o en combinación.

“Ya hay un subgrupo de pacientes, afortunadamente todavía minoritario, para los que directamente no queda ningún antibiótico eficaz”, explicó el doctor Ezequiel Baran, jefe de Neumonología del Hospital Interzonal General de Agudos Profesor Dr. Rodolfo Rossi y del Sanatorio Ipensa, y docente de la Universidad Nacional de La Plata. En esos casos, sostuvo, la fagoterapia deja de ser complementaria y pasa a ser “la única alternativa terapéutica activa disponible”.

Una terapia a medida, pero no artesanal

La particularidad de la fagoterapia está en convertir un mecanismo biológico conocido desde hace décadas en un tratamiento de precisión. Primero se obtiene una muestra de la bacteria del paciente; luego se identifica qué fagos pueden atacarla, se verifica que sean adecuados para uso terapéutico y se prepara un tratamiento específico.

Ese proceso también explica una de las dificultades de la terapia. “Encontrar el fago correcto no es instantáneo”, señaló Baran. La bacteria debe aislarse y caracterizarse, mientras que los fagos seleccionados deben someterse a controles para descartar, entre otros aspectos, genes de resistencia a antibióticos o factores de virulencia.

Para Gregorio Iraola, CEO y cofundador de Kinzbio, una empresa de biotecnología uruguaya que desarrolla medicamentos personalizados para combatir bacterias resistentes a los antibióticos, esa personalización no significa que el proceso sea artesanal. “Kinzbio desarrolló una plataforma de medicina de precisión que se basa en un proceso industrializado y ajustado a los estándares de calidad farmacéutica más exigentes”, afirmó. La empresa, con sede en Montevideo, asegura que actualmente puede tratar decenas de pacientes en paralelo y que proyecta multiplicar por diez esa capacidad en los próximos seis meses.

La terapia tampoco desplaza a los antibióticos. La evidencia disponible apunta a una posible sinergia entre ambos tratamientos, especialmente frente a bacterias que forman biofilms, estructuras que las protegen y dificultan la acción de los medicamentos.

Representación de bacteriófagos, virus capaces de infectar y destruir bacterias específicas
Representación de bacteriófagos, virus capaces de infectar y destruir bacterias específicas

Del caso individual a la evidencia clínica

La fagoterapia ya se ha utilizado en infecciones respiratorias, óseas, urinarias, de heridas y asociadas a prótesis, especialmente en casos difíciles de tratar. Sin embargo, la evidencia científica enfrenta una dificultad particular: demostrar su eficacia con el mismo tipo de ensayos clínicos utilizados para los medicamentos convencionales.

“Con los fagos eso no ocurre. El tratamiento que recibe un paciente con una cepa determinada de Pseudomonas aeruginosa puede ser, en términos moleculares, un producto distinto al que recibe otro paciente”, explicó Baran. Esa personalización hace más complejo reunir grandes grupos de pacientes que reciban exactamente el mismo tratamiento.

Aun así, existen señales alentadoras. El especialista citó una publicación de 2024 en Nature Microbiology que analizó 100 casos consecutivos de terapia personalizada y reportó una mejoría clínica en aproximadamente 77 % de las infecciones tratadas y la erradicación de la bacteria objetivo en 61 % de los casos, con pocos eventos adversos reportados.

En Uruguay, además, la experiencia ya comienza a acumularse. Según Iraola, desde 2024 Kinzbio recibió entre 15 y 20 consultas o solicitudes mensuales, realizó tratamientos en siete instituciones de salud y registró una recuperación en 95 % de los pacientes tratados, sin efectos adversos reportados. Se trata de datos correspondientes a la experiencia de la empresa, que no sustituyen la evidencia de ensayos clínicos controlados.

Imagen microscópica de bacteriófagos, utilizados en fagoterapia para combatir determinadas bacterias
Imagen microscópica de bacteriófagos, utilizados en fagoterapia para combatir determinadas bacterias

Uruguay busca convertir la innovación en acceso

El país dio otro paso a fines de 2024, cuando el MSP autorizó la práctica de fagoterapia personalizada. El tratamiento se solicita a través del médico tratante y requiere consentimiento informado, en lugar de seguir el proceso de aprobación de un medicamento convencional.

Ese marco permitió incorporar la fagoterapia a la práctica clínica, aunque todavía quedan desafíos por delante, señaló Iraola. Entre los próximos pasos, Kinzbio trabaja para exportar sus primeras terapias a Chile y Argentina y avanzar hacia un modelo internacional basado en una red descentralizada de laboratorios.

En tanto, para Baran existe una barrera cultural, además del obstáculo técnico. “La idea de ‘usar virus para tratar una infección’ todavía genera cierto escepticismo”, comentó. La respuesta, sostuvo, debe apoyarse en evidencia y en una evaluación rigurosa de cada paciente.

En un escenario en el que las bacterias resistentes obligan a buscar nuevas respuestas, el desafío para Uruguay será determinar hasta dónde puede llevar esta tecnología, cuánto puede escalar y, sobre todo, cómo transformar una alternativa todavía especializada en una herramienta accesible para los pacientes que realmente la necesitan.

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