El China Zorrilla está cada vez más cerca de Uruguay. Luego de atravesar el Océano Pacífico desde Tasmania, Australia, el nuevo buque 100% eléctrico de Buquebus está completando su paso por el Estrecho de Magallanes, transportado sobre la cubierta del Black Marlin, un buque carguero heavy-lift de gran porte especializado en el transporte de cargas extraordinarias.
El cruce marca uno de los momentos más significativos de un viaje excepcional. No solamente por su importancia geográfica, sino también por la magnitud de la operación: un enorme buque carguero transportando sobre su cubierta al ferry 100% eléctrico más grande del mundo.
Con aproximadamente 130 metros de eslora/largo y 32 metros de manga/ancho, construido íntegramente en aluminio naval y con capacidad para transportar hasta 2.100 pasajeros y 225 vehículos, el China Zorrilla representa una carga fuera de lo habitual incluso para una tripulación experimentada en el transporte marítimo de estructuras extraordinarias.
El buque carguero que transporta al China Zorrilla está especialmente diseñado para trasladar estructuras de enormes dimensiones. Sobre su cubierta suelen viajar componentes para proyectos offshore y de energía eólica, remolcadores, barcazas y otras cargas especiales.
Pero transportar al China Zorrilla requirió una planificación particular.
Antes de iniciar el viaje, equipos especializados analizaron pesos, esfuerzos, centros de gravedad, estabilidad y sistemas de fijación. A diferencia de muchas de las grandes estructuras que habitualmente transportan estos cargueros, el China Zorrilla de Buquebus está construido íntegramente en aluminio naval, un material elegido por su alta resistencia y reducido peso, dos características fundamentales para optimizar la eficiencia de una embarcación eléctrica de estas dimensiones.
La diferencia de materiales entre el ferry de aluminio y la cubierta de acero del heavy-lift obligó, además, a desarrollar un sistema específico de apoyo y trincado para mantener al China Zorrilla firmemente asegurado durante los miles de kilómetros de navegación.
“Transportar una embarcación de 130 metros de eslora y 32 metros de manga, completamente construida en aluminio, no es algo habitual”, explicaron desde a bordo.
El buque carguero cuenta con más de 60 tanques de lastre, que le permiten modificar su condición de flotación y sumergir parcialmente su cubierta para realizar las complejas operaciones de carga y descarga.
Ese mismo sistema será protagonista cuando llegue a Nueva Palmira, donde comenzará la operación que permitirá que el China Zorrilla vuelva a flotar y toque por primera vez las aguas del Río de la Plata.
Magallanes: entre dos océanos
El paso por el Estrecho de Magallanes representa mucho más que un punto en una carta de navegación.
En el extremo austral de Sudamérica, el paisaje cambia por completo. Montañas, canales, costas prácticamente deshabitadas y una naturaleza agreste acompañan la navegación del enorme carguero con el China Zorrilla sobre su cubierta.
Es una imagen difícil de repetir: dos gigantes avanzando juntos entre algunos de los paisajes más remotos y desafiantes del continente.
Para los propios marinos, Magallanes es uno de los lugares más extraordinarios de toda la travesía: un territorio donde la presencia humana prácticamente desaparece y la navegación vuelve a estar determinada por las fuerzas de la naturaleza.
Desde a bordo lo describen como un lugar de “naturaleza virgen”, donde prácticamente solo el balizamiento recuerda la intervención del hombre.
Pero detrás de esa belleza está también la dureza de Magallanes. Es una región marcada por la interacción entre océanos, corrientes, vientos y condiciones meteorológicas cambiantes. Navegarla exige experiencia, planificación y atención permanente.
Los propios marinos lo sintetizan con una imagen poderosa: allí se producen “luchas de océanos, corrientes y vientos”.