Nos sucede frecuentemente que inversores argentinos, sobre todo, hacen un mapeo general de la situación de nuestro país, aunque no necesitan de nuestra opinión para decidir, en definitiva, donde irán sus petates (dinero).
Quedan un tanto desorientados cuando se enteran que estamos creciendo al 1% desde hace una década, lo que implica necesariamente carencia de inversión.
Seguramente no sea un tema del palo nuestro, los promotores privados, porque creo que somos una excepción a una constante que se viene dando.
Realizada una compulsa desde la gremial (no apelando a datos formales de dependencias del gobierno), a diversos promotores y sus expectativas de inversión en el decurso del año y hasta no más allá de principios del 2028, la cifra conseguida nos conduce a un singular voto de confianza al país y al gobierno del Presidente Orsi.
Ignoro si los jerarcas evalúan dicho dato; por supuesto que pusimos en “autos” a varios de ellos comenzando por el citado Presidente de la República.
Pero es así; sin duda que se invierte porque existe confianza en el transcurso de los tiempos por venir.
Y no obviemos que este comienzo del engranaje de una obra en construcción, por ejemplo, demanda múltiple mano de obra no solamente directa, sino profesionales, oficios que se mueven en derredor de una obra en construcción o privada del tenor que sea. Establecimiento fabril, un shopping, un estacionamiento, un silo, una pastera y podríamos continuar en una lista donde necesariamente debe existir un germen que después desemboque en nuestra manida expresión “el círculo virtuoso de la obra”, la que fuere.
Y dicho germen es la inversión que corresponde al promotor privado para dar cauce a una multiplicidad de factores que impulsan la economía. Y precisamente este dato que es relevante, es el que significamos cuando algún inversor foráneo hurga sobre nuestra situación.
O refiere a un promotor que se va a lanzar a un proyecto inmobiliario determinado o en su defecto un inversor, que por ejemplo comprará para posteriormente arrendar, una o varias unidades de un edificio.
También se nos ausculta a la gremial sobre la fluidez en el engranaje de los trámites que se deben de realizar.
El panorama allí es complejo y muy variado, en cuanto a dependencias que es de necesidad acudir.
Pruebas al canto. Varios de los promotores interrogados sobre la inversión presente y futuras, nos hacían notar que en varias ocasiones el éxito del emprendimiento estaría supeditado a que las gestiones fueran de trámite por lo menos, normal. Y precisamente dada las situaciones complejas, muchos no mencionaban cifras de inversión que sin duda coadyuvarían a iniciar el crecimiento sostenido en el sector. Y consecuentemente, es demanda de mano de obra que no producirá.
No sabemos si tanta necesidad de trámite burocrático funge como justificación a un Estado gordo y muchas veces ineficiente.
Sin duda que la reducción del costo país, recurrente expresión, seguramente exija reformas estructurales para disminuir costos internos y mejorar la competitividad.
Pero el gasto público luce inelástico y eso es valor entendido para el espectro político del país.
Esperemos que la inercia no nos gane el partido, porque la penillanura suavemente ondulada debe comenzar a mover sus raíces.